Fernando Andrarde Renuncia Irrevocable
Para vivir nuevamente


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Por medio de la presente, renuncio en forma irrevocable al tipo de vida que vengo desarrollando en mi carácter de adulto mayor, por así convenir a los intereses de mí existir.

He decidido por derecho propio, aceptar la irresponsabilidad de tener siete años, nuevamente, porque quiero comer sin tener que llevar dieta alguna. Quiero tener tiempo para poder hacer barquitos de papel y ponerlos a navegar en el agua de los charcos, porque quiero poder tirar piedras a las cachoras y a los pajaritos, quiero de nuevo pensar que los dulces y los juegos son mejores que el dinero. Quiero abrazar a mis padres y hermanos y pensar que son eternos. Quiero tomar largos baños con agua calientita y poder dormir diez horas de un jalón, durante todas las noches. Quiero regresar a los tiempos en que la vida era sencilla, cuando todo lo que sabía era sobre colores, tablas de sumar e historietas de Walt Disney.  Y todo esto no me molestaba porque no sabía, que no sabía y no me preocupaba por no saber.

Cuando pensaba que lo mas malo que me podía pasar en la vida era que alguien me quitara mi trompo “pico bolita” o que no me escogiera para su equipo en el “gato palo”.
Quiero volver a mis siete años, para poder sentir que el mundo es justo, que todo y todas las personas son honestas y buenas, que no hay envidias. Quiero pensar que todo es posible.

Por desgracia, en algún lugar de mi juventud, madure y aprendí demasiado. Aprendí que la gente no sabe querer, mucho menos amar, que nos destruimos entre nosotros, que la envidia nos rodea y nos hace desear el mal de los demás.

Maduré y me contaminé, aprendí sobre mentiras, sufrimientos, enfermedades, guerras, dolor y muerte. Aprendí como el dinero maneja nuestras vidas y es lo más importante, ya no importa el sentir, sino el conseguir cada día, cada vez más.

Pero yo, renuncio, quiero vivir, simplemente vivir, no quiero que mis días sean horas y horas de trabajo, de materialismo, de noticias deprimentes, de envidias, de chismes, de enfermedades y de pérdida de seres queridos. Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la paz, de la verdad del superhéroe de comics, de la imaginación. Admiro la dulce locura de los niños y detesto la mentira de la cordura de los adultos.

Quiero volver a mis siete años, quiero dejar vivir más a ese niño que todos llevamos dentro, para valorar lo bueno y lo sencillo que nos rodea y que los adultos hemos dejado de apreciar.

Para todos los que no hemos olvidado de saltar en un charco, sin importar mojar los zapatos y para todos aquellos que no olvidaron que con un chicle o un dulce éramos felices, para todos esos seres que aun aman el ayer, por favor, no pierdan esos recuerdos, valen oro.

Por eso deseo que todos volvamos a vivir como las flores, que nacen en el estiércol y sin embargo, son puras y perfumadas, extraen del abono maloliente todo aquello que les útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse en las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden, los defectos de ellos, son de ellos, no tuyos, y si no son tuyos no hay motivo para entristecerse, ejercita, pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde fuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien.

Esto es vivir como las flores, así amigos vivamos como las flores.

Lo anterior no me pertenece, no sé de donde tome la idea, pero de verdad pienso que es algo en lo que debemos recapacitar y aun cuando no puede hacerse realidad, cuando menos pensemos que es muy refrescante el poder acudir a la magia del pensamiento y viajar en busca de nuestros mejores días vividos.

G r a c i a s

 

Fernando Andrade Domínguez
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