Fernando Andrarde Uso y desuso


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Como dice el Chavo del Ocho, “sin querer queriendo”, me ha tocado en suerte estar presente en la bola de cambios de nuestro idioma, mejor dicho o más correctamente bien dicho, he sido testigo como al paso del tiempo, ha ido modificando, ha dejado de usarse, ya no es correcto o usual, palabras, oficios, artefactos, juegos, costumbres e infinidad de cosas que una vez que nos ponemos a analizarlas, nos encontramos con que ya nos hicimos viejos.

Aquí en la ciudad es muy difícil con que nos encontremos en algún barrio, cercos de postes sosteniendo alambre de púas, posiblemente en la periferia o en las  invasiones tan de moda, pero dentro del casco urbano, ya muy poco  se ven; ya no son comunes los techos de vigas de madera con losetas de cemento o de ladrillo, ahora el asbesto,  la lámina galvanizada o el cartón negro, vinieron a sustituirlo y por supuesto el cemento y la varilla; las  paredes de las casas ya no se fabrican de adobes de tierra con alma de paja o de alambre de púas; en las casas habitación los pisos son de cemento, mosaico o madera pero ya no son de tierra.

El plástico ha venido a sustituir al vidrio, la mayoría de los envases ahora son de plástico o algún sustituto; sodas, mayonesas, leche, vasos, platos etc., han pasado a formar parte de la historia; poco o casi muy poco se envasa en vidrio, que si es reciclable no como esos materiales que tardan una vergüenza de años en desaparecer e invaden nuestros mares y sus incineraciones causan gases letales para la humanidad.

Las llantas forman parte de cementerios enormes de material flamable que también producen gases que dañan la atmósfera y causan daños irreversibles a los seres vivientes, pertenezcan a la raza humana, animal o vegetal.

Si volteamos  un poquito hacia atrás,  nos encontramos que en los corredores de las casas ya no hacen acto de presencia las ollotas de barro bien húmedas conteniendo agua fresca en la que saciábamos la sed en aquellas inolvidables jícaras; ya no se crían gallinas, patos, guíjolos, puercos en las casas,  que significaban el ahorro para las épocas de suma escasez en que se vendía o se sacrificaba el animalito y se resolvían problemas económicos urgentes o simplemente se tenía resuelta la cena navideña.

Poco a poco han ido desapareciendo los barberos y sus locales tan distintivos con sus caramelos a los lados de la puerta con que se anunciaban y que por lo general estaban atendidos por su propietario, un hombre dicharachero, platicador, charrero, simpático y siempre de buen humor, siempre al corriente de las noticias que nos hacían corta la estadía en sus negocios, viniendo a nuestra memoria algunos de los mas conocidos rapabarbas: Delfino C. Espinoza, El Calvito Celis, El Chiludo Contreras, Marcial y una bola de etcéteras.

Ya no hay repartidores de leche “lecheros” que a diario y a bordo de sus carretas jaladas por una bestia, recorrían el lugar depositando los litros de leche que formaban parte primordial  de nuestra dieta, personajes bien identificados y muy queridos por el pueblo, recuerdo a Limón, Andrade que fueron los que conocí.

Para el tamaño de la ciudad, ya quedan pocas panaderías de las que había una en cada barrio y a veces a una cuadra de distancia una de la otra, los grandes consorcios cambiaron el gusto del pueblo del  birote, la virginia o el telera por el “pan de caja”, la mujer ya se emancipó y ya no amasa ni atiza el comal para tirar las sabanas de harina, grandotas y calientitas con las que "sopiabamos" los frijoles caldudos con queso o requesón y así poco a poco el mercado del pan rebanado ha ido ganando su lugar en el consumo no nomás regional sino nacional.

A falta de trabajo cada día es más difícil encontrar zapateros remendones de los que proliferaban, no sé si por que el producto se abarató o porque tenemos más recursos, ya no mandamos los zapatos usados a poner medias suelas, suelas corridas, de vaqueta o “neoloite”, tapitas, tacones o lengua, pero los bancos de los zapateros ya no se ven, menos en el centro que era su lugar de operaciones.

En todas las casas existía un arsenal de herramientas de todo tipo: palas azadones, talachos, zapapicos, picos, carretillas, marros,  martillos, cucharas de albañilería, cinceles, llaves steelson, tenazas, clavos, tuercas, tornillos, elementos indispensables en la marcha de todo hogar en que las reparaciones las hacia el hombre de la casa,  que por fuerza aprendía a llevar a cabo todo tipo de trabajos relacionados con el mantenimiento de un hogar y que en la actualidad salen sobrando, por todo se paga y hasta para aflojar una tuerca se hace necesario emplear una persona especialista en el ramo, ya sea plomería, electricidad, albañilería, cerrajería o soldadura.

En las ferreterías existían personas que sabían de todo y todavía no se hacia necesario acudir a una casa especializada en el ramo.  Con el solo hecho de plantear al empleado el problema ya este tenía la respuesta, lo mismo sabía de pisos, azulejos, terrazos, pinturas, herramientas, tornillería, etc. y nos solucionaba rápidamente el problema. Me platicaba un amigo a modo de charra que acudió a un lugar de estos a comprar unos clavos para concreto y muy orondo el empleado que lo atendía le dijo “no, aquí no tenemos clavos para concreto de paredes orientales, solo vendemos para paredes que den al norte”.

El Contador se significaba en el empleado más importante, el ombligo de la empresa, todo giraba a su alrededor y cualquier decisión debía de tomarla este personaje que la tecnología vino a suplir, las computadoras ya realizan casi todos los trabajos: nominas, inventarios, facturas, calculan impuestos etc., claro que bajo la supervisión del Contador que se ha venido replegando en Despachos que dan asesorías y auxilian a los negocios chicos que no poseen el adelanto tecnológico tan necesario en estos días.

Los Mecánicos son una especie en extinción, son pocos los que quedan y los que no se tecnifican, desaparecen. El encendido electrónico, la dirección hidráulica, la computadora y todos los aditamentos normales de un auto se han venido modernizando haciendo del auto lo más cercano a una computadora. Cuando el auto se paraba, el chofer podía ponerlo en funcionamiento con sus conocimientos elementales de mecánica, en la actualidad se debe de acudir a un taller que cuente con equipo para el diagnostico por Computadora.

Los trabajadores, los obreros, empleados etc. contaban con un medio de transporte muy económico: la bicicleta, llanta gruesa o delgada, con timbre, canasta, parrilla, dinamo, porta cadena, cambios de velocidad que distinguían a su propietario que procuraba traerla adornada con barbitas de plástico a colores vivos, asientos forrados, pintura nueva y hasta cadena con candado para protegerla de los “ladrones de bicicletas”.  Este popular medio de transporte en todo el mundo, dio tema a una película italiana muy bien recordada y de mucha calidad.

Al caer la tarde se veían las parvadas de obreros-ciclistas que regresaban a sus hogares después de una jornada de más de ocho horas en que aparte de su agotadora labor el ejercicio diario en bici lo mantenía en forma.

El grito del soldador, ¡soldador, todo tipo de cacerolas, baldes, bandejas, sartenes, como nuevos, con su soldador¡ El musical llamado de la flauta del afilador que con su esmeril manual se ofrecía para recobrar el filo de los cuchillos, navajas y  tijeras, ya no se escucha seguido, estos oficios ya no se ofertan por las calles polvorientas de nuestros barrios, solo el recuerdo.

Las medias nylon tan de moda en los cincuentas, iniciaron el oficio de las reparadoras de medias, zurcidos invisibles que se anunciaban en los salones de belleza, “se zurcen medias”, se hacen “permanentes” se corta y se tiñe el cabello.

Los verduleros a domicilio ya son muy raros, son muy poquitos los verduleros de carretita con un burrito, ahora lo hacen pero a bordo de pick-ups y alejados del centro de la ciudad.

En las calles de las barriadas ya no se escucha el bullicio de la chiquillería, corriendo, jugando en las calles, ahora están sujetos a la televisión, a los juegos electrónicos o a la computadora, ya no corren ni conviven con sus vecinos, sus amigos se circunscriben a los compañeros de escuela con los que hacen lazos de amistad o a sus parientes cercanos, sus vecinos a veces ni conocidos son.

Las grandes fábricas hacen y diseñan artefactos que vinieron a sustituir los que fabricaban los hojalateros nuestros, embudos, coladores, recipientes, baldes; por supuesto que de plástico o resinas.

El mundo cambia y aparentemente no nos damos cuenta, las cosas cambian y nosotros como personas también cambiamos, poco a poco la vieja costumbre de ceder el paso a los ancianos y a las damas, no fumar delante de los mayores de edad, y algo de lo más elemental, ya no sabemos saludar a la gente que se cruza por nuestro camino, ya no se escuchan aquellos alegres y despreocupados “buenos días doña tichi, como ha estado?, como sigue su esposo? amaneció fresquesito verdad? Va a hacer mucho calor, a lo mejor llueve; iniciación de conversaciones e intercambio de buenos deseos que poco a poco o a lo mejor mucho a mucho han ido desapareciendo y ya no forman parte de las costumbres cotidianas que el factor tiempo nos ha ido quitando o nos hemos dejado quitar.

 

G r a c i a s

 

Fernando Andrade Domínguez
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