Fernando Andrarde Ures, legendaria y olvidada Atenas


Fernando Andrade Domínguez El Pitic: 13 de Abril de 1984

¡Eres Ures, la ciudad dormida¡
Duermes el sueño letárgico de un pasado;
Centro de tradición, fuente de vida,
Más, todo está dormido en ti, todo olvidado.

Hay riquezas bajo tu suelo privilegiado;
Hay anhelos de progreso, de nueva vida,
Por ti tus hijos afanosos han trabajado,
Por que seas rica, feliz, más no dormida

Despierta del sueño de glorias del pasado,
De ese letargo triste de la ciudad dormida
Salgan ya las riquezas de tu suelo privilegiado,

Levántate ya, nueva y feliz, con nueva vida,
Inspírense tus hijos en tus glorias del pasado,
Sonorense olvidada Atenas, mi Ures, ¡Tierra querida¡

 

Tal vez por la forma que tienen las sierritas que la rodean y que en conjunto forman una U, originalmente URES fue denominada UES, tal vez por el nombre de las tribus indígenas que la poblaron los indios URIS, así se denominó a este rinconcito de nuestro querido Estado de Sonora, un lugar que si se usa  un compás y se toma como centro a la antigua capital trazando un circulo, con un radio equivalente a la distancia de esta a la ciudad de Nogales, nos daremos cuenta que todos los lugares son equidistantes, sur, norte, este y oeste.

En el mero centro de la ciudad de Ures encontramos una bella y singular plaza central denominada “Zaragoza” con su kiosco central al que adornan cuatro figuras en bronce y que representan a las cuatro gracias: poesía, pintura, teatro y danza, figuras fundidas en la ciudad de New York, obsequio de un ciudadano norteamericano que quedó prendado del lugar allá por el año de 1897.

Dos hermosas torres con sus atalayas vigilantes, hurgando el camino y dando la bienvenida a sus visitantes, se yerguen orgullosas coronando el recinto sagrado de la Antigua Atenas, las torres del Templo de San Miguel Arcángel, que implorando al rezo y retando al tiempo, arrogantes presiden a Ures.

Ures fue fundada con categoría de pueblo de Misión en año de 1644, más de 65 años antes que Hermosillo por el misionero Jesuita Francisco París que se echó a cuestas la tarea de evangelizar a los descendientes del tronco sonorense que se significaron los Ópatas.

A las once de la mañana del día 17 de agosto de 1913, la comunidad Urense en general se congrego para celebrar dos acontecimientos que los llenaba de júbilo: la adhesión de Sonora al famoso Plan de Guadalupe y la inauguración del servicio de energía eléctrica.
 

Un pasado brillante reflejado por sus antiguas construcciones; el edificio más grande, más hermoso y la joya más importante que poseía la ciudad de Ures, históricamente hablando y que correspondía a la Casa Corrección de Ures, que empezó su construcción en el año de 1636; lugar utilizado indistintamente como Misión de San Francisco de Borja en 1636, Monasterio, Hospicio, Capilla, Palacio de Gobierno, Cárcel y Casa Corrección, Escuela Normal Rural, Federación Obrera Campesina del Distrito de Ures, “Escuela del Campesino.

En el Palacio Municipal luce su respetable presencia una carroza fúnebre fabricada en los años finales del siglo XIX y que estuvo en servicio hasta 1948, lucia grandes cortinajes negros, vitrales y en cada esquina un penacho de color luto con dos faroles al frente, sobria, elegante y que imponía respeto absoluto cuando hacia sus viajes de la puerta de la iglesia al cementerio del lugar.

Grandes hombres aportó a todos los ámbitos de la cultura, milicia, magisterio, es un verdadero orgullo nombrar a prohombres que impartieron sus enseñanzas a todo lo largo y ancho del territorio sonorense llevando el saber y sembrando la semilla de la letra, y solo como ejemplo: General Miguel Piña, Profesor Leocadio Salcedo (cruelmente sacrificado por los Apaches), Profesor Enrique Quijada, Profesora Belem Martínez, Profa. Ma. Trinidad Arvizu, Profesora Catalina L. Vda. de Salcido, Profesor Adalberto Salcido López, Profesor Gustavo Córdova González, Profesor Ramón Real Carrazco, Profesor Francisco Navarro Estrada y una lista interminable de nombres de personajes que deben de llenar de orgullo al pueblo de URES.

Recordemos que “El Choby” Ochoa, ha puesto el nombre de Ures en las marquesinas de los teatros y cines de todo el mundo, eso nada más para dar una pequeña muestra de la diversidad de talentos que ha producido esta tierra que además de su muy rica historia, ostenta la distinción de orgullosamente convertirse en Capital del Estado de Sonora durante un periodo de 32 años de 1847 a 1879 fecha en que el General Serna decretó en firme el cambio de la Capital del Estado a la Ciudad de Hermosillo.

Este cambio definitivamente vino a lastimar a la ciudad de Ures, lógicamente los capitales más fuertes emigraron en busca de mejores horizontes, la ciudad quedó con menos movimiento comercial, caserones vacios, soledad y más soledad y posiblemente hubiese resurgido si se hubiese llevado a cabo un proyecto  de la Compañía del Ferrocarril  en el año de 1883 en que se planeaba hacer un ramal desde la Iglesia Vieja de Hermosillo a Ures, proyecto que se suspendió con la aparición de la temible “fiebre amarilla” y la entrada del Ferrocarril Central a la República.   

Con una antigüedad equiparable a la fundación de El Real Presidio del Pitic, año de 1700, en Ures fue construido el Molino Harinero de Ures, por el Español de apellido Arostegui originario de Vasconia y que durante muchos años ha servido como taller de orfebrería, fábrica de zarapes, fábrica de sodas, fábrica de hilados y tejidos, en fin con muchos usos y que todavía hasta la fecha conserva su fachada intacta y pequeños detalles de construcción en su interior.

La Alameda, Parque General Pesqueira, un hermoso monumento del pasado, construcción de diseño colonial con una entrada principal en forma de arco y que fue inaugurado el 15 de septiembre de 1910 para conmemorar el centenario (1810-1910) de la Independencia de México.

En la parte superior de este arco de entrada, lucia el busto del General Pesqueira y como adorno especial, arriba de cada puerta lateral hacían guardia, preciosas esculturas de leones muy bien esculpidos por la Srita. Matilde Salazar.

En el centro del parque existía una explanada circular con un piso perfectamente pulido y al su alrededor bancas de ladrillo en donde plácidamente se escuchaban las serenatas de las Orquestas de Rivera y de Castillo y en ocasiones la Banda del 22vo. Batallón destacado en Ures.

A grandes rasgos, considerando el espacio, seguimos en espera de que surja el milagro de que la gallardía y majestad de la Ciudad de Ures, como el ave Fénix, resurja de sus opulentas herencias, más no cenizas, para revivir su prosapia enorgulleciendo a todos los que admiramos a ese pueblo, que en calidad de mientras, seguiremos visitando para saborear las cañas, pepitorias, jamoncillos y demás delicias a que nos tienen acostumbrados.

P.D. Todo lo aquí consignado, está basado en el Libro que escribió la Profesora Dolores Real de López titulado “Casos y Cosas de mi Tierra”.

G r a c i a s

 

Fernando Andrade Domínguez
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