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Sano, gordo y cachetón |
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| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
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Ni cuenta me había dado, jamás pasó por mi mente que la comida chatarra era la causante de tanto niño gordito, yo lo achacaba a la falta de ejercicio, el estar todo el sagrado día sentado frente al televisor o la computadora eran las causantes directas de la actual preocupación de la Secretaria de Educación. Qué bueno que se le esté dando la importancia que requiere a este problema, las costumbres alimenticias han cambiado mucho y ya es hora de que el Gobierno ponga un foco rojo e intervenga, directamente, en la solución de lo que significa un detalle que vendría a obstaculizar el buen desarrollo de las juventudes y el mejor desempeño en todos los aspectos, para que nuestro país tome el derrotero que merece. No había cavilado en todo esto porque realmente no me había puesto a observar a grupos de niños, la semana pasada asistí a una piñata de uno de mis nietos y me quede perplejo por la cantidad de niños y niñas entre 3 y 8 años que están teniendo un gran problema de obesidad, pero una obesidad deforme que causa mucha tristeza por la calidad de vida que espera a esos niños; niños que poco a poco irán mermando en su desarrollo en general, causándoles de paso enormes complejos que difícilmente superaran. Ayer no existía el problema, ayer no existían tantos alimentos que han dado en llamar chatarra, palabra que se ha utilizado para llamar a todo lo que no tiene calidad: carros chatarra, productos médicos chatarra para adelgazar, comida chatarra aquella que tiene poca calidad, muchos azúcares y sales que para nada benefician al ser humano, sobre todo a las nuevas generaciones, a las que todos hemos contribuido en acostumbrarlas a consumirlas, que si llora el niño: una bolsita de papitas, que si tiene hambre: unos duritos o unos chicharroncitos les calma; una sodita, un dulce, una galleta, cumplen y suplen de momento al alimento verdaderamente nutritivo. En las escuelas primarias de ayer, pepitorias, melcochas, polvorones, paletas de hielo, dulcecitos de papelito, pan de dulce, cacahuates, etc., estaban al alcance de los niños, ojo: pero no de todos, no todos llevaban dinero para adquirir esos chuchulucos como se les llamaba en ese entonces y además, mucha atención, se hacía mucho ejercicio de día y de noche, todos nuestros juegos se llevaban al aire libre y mucho correr, en todos los pasatiempos infantiles correr significaba el eje sobre el que descansaba el juego en sí, todo aquel chamaco bueno para correr, era el más disputado en los equipos que se formaban para jugar a las encantadas, al ronchiflon, al látigo, el pan y queso, a los colores, al carro, a la pelota etc., en todos los casos el mas correlón era el primero que cada equipo escogía. ¿Qué pasó?, nada, que llegó la televisión y de pronto el niño se vio atornillado a un sillón y con la mente totalmente acaparada por la caja idiota como le llaman los que saben bautizar a todas las cosas a las que guardan rencor. Todo bien, la televisión tenía sus horarios para niños, pero en la actualidad a cualquier hora del día se encuentra sorpresivamente con escenas televisivas que en mis tiempos estaban clasificadas con XX o XXX, de veras que seguido sucede que los niños, sin saber qué onda, son espectadores de escenas no recomendables ni para adultos. Pero para acabarla de acabalar ahora con la computadora es peor, los niños equipados con un chip especial, dominan casi todas las facetas y ya no existe nada oculto a la curiosidad natural del niño y sobre todo para el adolescente, horas y horas “chateando”, bajando música, intercambiando fotos, y que se yo, pero lo más malo es que siempre atados, fundidos y sin mover el más mínimo músculo de su cuerpo, permanecen horas y horas sin hacer el menor esfuerzo que solo produce grasa y más grasa que se va acumulando, causando en el niño o adolescente enfermedades más graves que difícilmente serán superadas. Creo que eliminar la comida “chatarra” es una muy buena intentona por marcar un alto a la obesidad manifiesta de las futuras generaciones, pero al mismo tiempo se debe implementar como disciplina insustituible, el ejercicio obligatorio y sistemático vigilado muy de cerca por verdaderos expertos en cada escuela encargados de crear camadas de niños menos cargados de azucares y grasas, entrada gratuita a la terrible diabetes mellitus, el coco de la humanidad, sobre todo a los mexicanos. En cada hogar debemos los padres de familia pugnar por contribuir decididamente en la alimentación de nuestros hijos y nietos, es una obligación que como religión se practique incansablemente en bien y salud de los infantes que son los que padecerán las consecuencias y por supuesto nosotros que veremos cómo se va deteriorando ostensiblemente nuestra niñez. La próxima vez que salga a la calle o asista a alguna reunión en donde vayan niños, observe y mentalmente haga sus cuentas y con sorpresa verá que un gran porcentaje de los niños son obesos y algunos en grado extremo. Cuidado, con la salud no se juega... Gracias Fronteras y 5 de febrero 139, |