![]() |
Piénsalo muy bien LA CAJA DE CHOCOLATES |
| Página anterior | Libro de visitas | Ver libro de visitas | Descargas |
| Recopilación: Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
Hoy, que por designios de Dios se me ha bendecido prestándome más tiempo de vida, finalmente y por fortuna, me doy cuenta de que me queda menos tiempo por vivir, que el tiempo que he vivido. Hoy me siento como aquel joven que recibió de regalo, una caja conteniendo ricos chocolates; los primeros los devoró con gula desesperada, cuando se dio cuenta que cada vez quedaban menos, comenzó a saborearlos más tiempo y a chuparse los dedos, lamiendo hasta las envolturas. Ya no tengo tiempo para soportar a los mediocres, ya no deseo estar en lugares en que participen egos inflados, me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los verdaderamente capaces, para adueñarse de sus lugares, talentos y logros; no pienso aceptar cosas y situaciones solo para quedar bien con alguien, basta, ya no más. Hoy, dejé de desear que mi vida fuera diferente, comprendí que todo lo que sucede, de alguna forma, contribuye a mi crecimiento, me despojo de las ataduras y de todo lo que no favorece mi salud, personas nocivas, situaciones, todo… Pero sobre todo de aquellos que, solo tratan de utilizarte para escalar en la vida. Hoy, dejaré de volverle la cara a la verdad solo para seguir en mi falsa comodidad por miedo al dolor o a corregir de nuevo, ahora me arriesgo. Ya no tengo tiempo para soportar esas largas y tediosas reuniones donde se discute como arreglar el mundo, establecer reglas, imponer criterios obtusos y cansados procedimientos que sabemos de antemano que jamás se va a llegar a ninguna parte. Ya no tengo tiempo para aguantar gente necia y que a pesar de su edad cronológica, todavía son unos inmaduros y vienen a mi memoria aquellas palabras pronunciadas por un querido maestro “las personas no discuten contenidos, si acaso, solo los títulos”. Mi tiempo ya es muy escaso como para andar discutiendo títulos; deseo fervientemente la esencia, mi alma tiene prisa, mi corazón está ansioso. Ya sin muchos chocolates en la caja, quiero compartir los que me quedan con gente humana, muy humana., gente que sepa reír de sus errores, gente que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa con anticipación, que no huya de sus responsabilidades y sobre todo que sepa perdonar. Gente que defienda la dignidad de los marginados y que desee tan solo andar del lado de la verdad. Disfrutar de un afecto absolutamente carente de dobleces, jamás será una pérdida de tiempo, lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Y mi vida… si que la vale. Deseo con vehemencia rodearme de gente que sepa llegar al corazón de los demás, gentes que canten, gentes que bailen, gentes que rían y arriesguen mas en pos de la amistad; gente a la que los golpes duros de la vida los ha enseñado a crecer con enérgicos toquecitos en el alma y aun siguen creyendo en el amor. Si… Tengo prisa por vivir con la intensidad que solo la madurez puede otorgar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de los chocolates que me quedan. Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora me he comido con la seguridad que me ha dado la experiencia que hoy tengo. Hoy, desisto de querer tener siempre la razón y, con eso, me equivoco mucho menos. Ya no recuerdo las ofensas del pasado y no le doy tanta importancia a las personas que me ofenden, al contrario, las ignoro sin desprecio., me mantengo en el presente que es donde la vida acontece “porque mi meta es llegar al final, satisfecho pleno y en paz con dios”. ¿La tuya, cual es? ¿Todavía te quedan chocolates? ¿Estás dispuesto a compartirlos? De cualquier manera, aunque elijas otro camino, tarde que temprano los chocolates se terminan y solo queda la caja vacía, tan vacía como tu alma. G r a c i a s
Fernando Andrade Domínguez |