![]() |
Panteones de Hermosillo EL RECINTO DE LOS MORTALES |
| Página anterior | Libro de visitas | Ver libro de visitas | Descargas |
| Fernando Andrade Domínguez | 28 de Octubre de 1996 |
Aquella negra noche, después de la tormenta, ateridos del frío y del miedo que nos causaban los relatos de mi abuela, atentos seguíamos sus narrativas, casi todas girando alrededor de entierros, fantasmas, aparecidos y por supuesto de cementerios. Matizaba sus relatos con seres imaginarios que revoloteaban alrededor de nosotros, etéreos, invisibles, que según ella visitaban los lugares en donde descansaban sus huesos, en un recorrido que abarcaba la noche y la madrugada, un itinerario que marcaban de acuerdo con la antigüedad de cada campo santo y siguiendo la cronología como fueron puestos en servicio PRIMER CEMENTERIO EN HERMOSILLO Se supone que estas apariciones entre ellos platicaban y se les escuchaba decir: “claro que recuerdo cual fue el primer cementerio de la ciudad, allá en donde hoy está Catedral”. Allí enterraban en aquellos años, polkos y pobres, de todo; cuando empezaron a fabricar con adobes y mezquites la iglesia, sacaron hierros retorcidos de cruces y huesos de los allí enterrados, quien iba a imaginar que aquí estaría esta hermosa Catedral. ESCUELA LEONA VICARIO Más después, cuando se hizo necesario se tuvieron que ocupar otros lugares, más al norte y a las orillas en la calle Yañez y la actual Plutarco Elías Calles y desde la Morelia a la Monterrey en donde hoy se localiza la Escuela Leona Vicario allá por el año de 1800 en el Barrio de la Chicharra, precisamente en la Escuela para Niñas, allí estuvo localizado un cementerio que al saturarse tuvieron que trasladar más a las orillas, no nos tocó ver crecer tan rápido a la ciudad pero de repente ya estábamos más alejados del centro. CALLE RAMIREZ Nos fueron sacando poco a poco y ya fue necesario el emigrar más lejos y nos jondearon hasta por allá por rumbos de la Galletería precisamente allá por la calle Ramírez, por los años de 1835 a 1836 fue utilizado como Cementerio de la Ciudad, en donde duró corto tiempo, las autoridades pensaron en un lugar más adecuado y lo trasladaron más al centro y así nació el nuevo recinto para contener los restos de los mortales que abandonaron este mundo. JARDÍN JUÁREZ Se nos fabricó un lugar más decente y más cerca de los vecinos que nos veían partir como mochomos envenenados con la famosa fiebre amarilla y fue hasta el año de 1884 que funcionó el Cementerio del Jardín Juárez que las actuales generaciones ni se imaginan que este lugar, tan agradable y arbolado, tan lleno de vida, con tanto comercio y que en algún tiempo fue el ombligo de Hermosillo, con sus refresquerías, cines y sobre todo la cercanía con la Estación del Ferrocarril, fue el destino final de muchos hermosillenses que allí encontraron su eterno descanso. EL PANTEÓN VIEJO Ni tan eterno descanso porque el 22 de Marzo de 1916, El General Elías Calles ordenó clausurar el Panteón del Jardín Juárez y utilizar el Panteón de la Matamoros y Nuevo León, un predio situado entre las calles de la Nuevo León hasta la Zacatecas y de la Matamoros hasta la Juárez, en donde actualmente están situados los edificios de los Bomberos de la Ciudad, Comandancia Centro de la Policía y Tránsito con oficinas recaudadoras y patios. El edificio de la Comisión Federal de Electricidad y la Universidad Tecnológica de la CFE. A los chavalos de aquellos tiempos nos imponía respeto y mucho miedo, tremendos sustos que pasamos; hoy en la actualidad nos sigue causando pánico y escalofríos, cada mes en que nos presentan el recibo por el consumo de energía eléctrica. EL PANTEON NUEVO Para el año de 1919, este recinto se encontraba completamente lleno, ya no se podía llevar a cabo un sepelio más, con los difuntos causados por la fiebre amarilla que se trajeron del Jardín Juárez y los de la viruela de 1913, el lugar se saturó, siendo necesario trasladar cuerpos al nuevo panteón que se inauguró el día primero de Enero de 1920, localizado en la calle Yañez. El arco de este panteón se empezó a construir a la altura de la calle Aguascalientes, pero debido a la cercanía ya manifiesta con las orillas de la ciudad, por órdenes del Sr. Don Adolfo De La Huerta, Gobernador del Estado, se cambió la construcción hasta el lugar que conocemos. Dejaron abandonados montones de ladrillo que los vecinos de inmediato decomisaron. Fue hasta el mes de Noviembre en que se dotó al Panteón de agua potable, jalando la tubería del troncal localizado en la Escuela Cruz Gálvez, obra realizada por don Ramón “El Monchi” Gil Samaniego. El arco en la parte de adentro tenía dos anuncios: en la parte derecha el de la Agencia Funeraria de don Carlos M. Calleja y el de la izquierda un anuncio de Don Rafael C. Romero, fabricante de lápidas.
G r a c i a s
Fernando Andrade Domínguez |