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Pbro. Hermenegildo Rangel Lugo TEMPLO DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS |
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| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
“No quiero mariquitas santiguados, confesados y comulgados, yo lo único que deseo son jóvenes con el corazón siempre dispuesto a propagar la fe en Cristo, la claridad de sus palabras y el mensaje que nos dejó y que estamos obligados a hacer llegar a nuestros semejantes, con mucho cariño y amor.” En aquella ocasión, me invitaron a jugar volibol, en la noche - increíble pero en la noche-. ¡Qué novedad, jamás habíamos jugado de noche a nada que no fueran las encantadas o la esconde la cuarta y a la luz del foco del poste de la esquina! Y eso fue que empezáramos, fue cosa de casi todas las noches en que, con unos calores bárbaros, nos fletábamos casi tres horas diarias a jugar volibol, primero entre nosotros y después contra otros grupos Lo que no sabíamos es que la idea partió del Presbítero Hermenegildo Rangel Lugo, recién llegado a la parroquia en construcción del que pasado un tiempo, sería el Templo del Sagrado Corazón del barrio de la 5 de mayo. Se le ocurrió y maquinó jalar a la plebe del barrio mediante el deporte y de sus bolsillos costeó todo este plan que incluía el que le prestaran un terreno que pertenecía al Sr. Francisco Duarte, que fue el maestro de obras responsable de la construcción. Él y Plutarco Díaz (Talco). El terreno se adaptó, se le puso una improvisada iluminación, se plantaron los postes, la red y con cal se pintó el cuadro, bien regado y ¡a jugar! Claro que después de jugar había que reunirnos para ver los adelantos y el lugar más adecuado para sesionar sin duda lo constituía la construcción incipiente en donde el padre Rangel nos recibía muy gustoso y entre plática y plática nos sembró la semilla de la organización para constituir la Asociación Católica de la Juventud Sonorense A. C. J. S.
Gracias padre Rangel, no calculaste todo el bien que nos hiciste, nos forjaste a tu modo, lástima que no nos parecemos en lo mínimo, las bases morales que nos inculcaste nos ayudaron en forma definitiva, la preparación a que nos sometiste y que ni cuenta nos dimos, hoy con el paso del tiempo estamos seguros que jamás nos la hubiese dado la mejor escuela. ¡Qué afortunado soy! Jamás pensé que en el futuro en algún momento mi casa estaría fincada sobre una calle que, con justicia, lleva el nombre del Pbro. Hermenegildo Rangel Lugo. A veces vale más suerte que dinero. G r a c i a s
Fernando Andrade Domínguez |