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Centenario Mercado Municipal 1910 - 2010 |
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| Recopilación: Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
Atendiendo a un asunto de negocios, el día de hoy, tuve que acudir a los alrededores del Mercado Municipal “José María Pino Suarez” de Hermosillo y después de entrevistarme con la persona que, afortunadamente localicé de inmediato, me di el lujo de darme una vueltecita por el centro neurálgico de la ciudad, por el ombligo de la Gran capital, por el Mercado Municipal, lugar inmarcesible y eterno, que aprisiona casi todas las inquietudes y problemas de los capitalinos. Pasan los años, ya se van a completar cien (100) y el mercado allí esta, 365 días de cada año, dando servicio a todas las clases sociales, locales y foráneos que acuden a realizar sus compras diarias o en busca de amigos o de algún paisano, tranquilamente se fuman un recuerdo, se comen un taquito de nostalgia, y en cada cara buscan ver si se refleja el rostro del amigo o del pariente.
Mercado Municipal en construcción: 21 julio de 1912 Inolvidable estampa capitalina del Hermosillo de ayer, lugar de reunión de todos aquellos que ya vieron pasar sus mejores días, o en un descuido, hoy están viviendo sus mejores días, sin obligaciones urgentes, sin la odiosa necesidad de acudir puntualmente a sus trabajos, aprisionan el tiempo en un segundo y en todos esos instantes ven pasar sus vidas vertiginosamente, saboreando a plenitud los mejores momentos que formaron aquellas lagunas rebosantes de aguas reflejantes de caras y miradas con las que compartieron parte de sus vidas. Miran displicentes como eltiempo, indiferente, inexorable, va marcando, lento para los que esperan y vertiginoso para los que desesperan, el paso de la vida, desplazándose sin prisas. Siempre a la espera de las novedades, noticias de un lejano pariente, el encuentro con un conocido o un viejo amigo, gozando íntimamente a plenitud para poder contar los mismos chistes y las mismas anécdotas, las de siempre, que apenas allí les festejan, porque en sus casas ya están más vistos y oídos que las películas del cinito de los húngaros. Otro mundo, bullicioso e inquieto, saludos escandalosos y efusivos, el choteo y los chistes a costa de los demás; los gritos del voceador de periódicos, las ofertas del día; boleadas a 20, de los vendedores de pitahayas, de la señora que con voz estentórea grita “Chiltepineros a 10, llévense su chiltepinero a 10” y el desfilar de pordioseros, pidiches, enfermos, vagos y extraviados en el laberinto de los renglones torcidos de la verdad; gente que de prisa realiza sus compras, en el mercado o en las tiendas de sus alrededores, chamacos presurosos en camino a su escuela. La única prisa que tienen los asiduos visitantes del mercado, después de saborear su humeante taza de café recién colado, es ganar su lugar en la banca preferida para leer la prensa del día, teniendo la mejor visión del paisaje, a la espera de sus inseparables amigos que todos los días sin faltar uno solo, se reúnen y se cuentan las mismas historias que respetuosos escuchan pacientemente, esperar que el reloj marque las 12 medio día para retirarse a tomar sus sagrados alimentos y nuevamente descansar para el día siguiente, en que ya vendrán otras cosas.
Una de las esquinas del Mercado Municipal El Mercado es el lugar de reunión de los desocupados y pensionados; allí se acumulan miles de años de experiencia acumulada, materia prima, que ahora nadie considera, maestros retirados por edad, profesionales que todavía tienen mucho que enseñar, un mundo de conocimientos que la sociedad, malamente, ya ha desechado, ya les colgó la etiqueta de “viejos” pensionándolos y quitándoles la oportunidad de ser útiles. Obreros especializados que la industria no desea seguir manteniendo en activo; comerciantes que cumplieron su ciclo, a los que sus hijos los mandaron a descansar; ingenieros, contadores con edad superior a los 60 años que en un momento dado, tienen más que ofrecer que los jóvenes; su experiencia se pierde en la maraña y ya mañana, serán como un auto parado al que apagan su motor y por la falta de uso, estos se pegan y ya no funcionan, que lastima (la ley de la vida) y pensar que para allá vamos.
Mercado Municipal José María Pino Suárez No existe en la ciudad de Hermosillo un lugar que se asemeje al Mercado Municipal, su magia allí esta, no me pregunte porque, pero allí esta, si usted busca a un viejo conocido allí está, si usted vive fuera y viaja a Hermosillo, váyase al Mercado y vera que de sorpresas, el mismo lugar, reunidos los viejos amigos, y por supuesto, los productos más distintivos, alimentos que hace tiempo dejo de saborear: una gallina pinta, unos tacos de lengua, carne con chile, café recién colado, tortillas de harina, queso, frutas, verduras y sobre todo, un calor humano que te invita a permanecer horas y horas sentado viendo pasar la gente y a veces sin sentir los calores o los fríos que al aire libre de sus andadores, nos golpean cariñosamente recordándonos a nuestros antepasados, a nuestros familiares y a nuestros amigos que también vivieron estos encuentros de amor fraternal y que nos abrazan en sus envolventes brazos cubiertos del eterno y total cariño que solo los que nos conocimos tan profundamente sabemos lo que son esos sentimientos, el ambiente nos captura y nos hace sus prisioneros, sin que podamos explicar la causa. Gente que peina canas, o no peina nada, de caminar lento y arrastrando los pies, de mirar escaso, ansiosos de cariño y atención, ávidos de comunicación, de intercambiar experiencias, de escuchar con atención, recordar sus mejores momentos y de pregonar y presumir sus parentescos y sus relaciones con gente importante y que dejaron alguna huella en el gobierno o en el comercio, en su paso por este mundo. Escúchelos, ellos necesitan: compañía, calor de amigos, ocupan sentir que alguien los escucha y tener con quienes compartir todo el cumulo de experiencias vividas, saben de todo y es verdad, en ellos se concentra la verdadera historia de nuestro terruño, ellos vivieron y fueron testigos de la historia, nadie se los conto y están dispuestos a compartir con quien lo solicite todo su tesoro y su sabiduría. Hace 100 años cuando se colocó la primera piedra de este lugar de comercio y para solucionar las necesidades de un pueblo que buscaba afanosamente al “Parián” que perdieron en aquel incendio, el volver a tener todo en un mismo lugar, un centro comercial, sin tener que caminar mucho, jamás se pensó en que con el tiempo se iba a convertir en un lugar acogedor para nuestro pueblo, centro neurálgico en que se toma el pulso de la sociedad, de la economía, de la política, de los cientos de problemas y además mas de mil soluciones; todos y cada uno de los asistentes al mercado tienen una solución a cada problema, saben qué hacer y cómo hacerlo pero, su voz ya no es escuchada, todos los escuchan pero nada más, los escuchan y pasado un instante se convierten en palabras al viento. Hoy que tengo la suerte de estar presente en el año en que el Mercado Municipal “José María Pino Suarez” llega a la feliz existencia a través de 100 años en que fue testigo del desarrollo de Hermosillo como capital del Estado, me invade una enorme satisfacción de ver que los sueños de aquellos habitantes que alguna vez tuvieron la idea de crear un mercado para el pueblo, se han visto colmados en su realización, se han superado y este edificio construido a base de miles de esfuerzos por parte de los comerciantes que a través del tiempo han conservado y preservado la memoria de los fundadores manteniendo el lugar en forma digna, que nos debe llenar de orgullo a todos los Hermosillenses y que sirva como un ejemplo para todo México. Verduleros, carniceros, expendedores de todo tipo de mercancía desde los alimentos, mariscos y pescados, taqueros, revistas y periódicos, curiosidades, café, tortillerías y en fin a todos los que hacen posible que cada día mucho antes de salir el sol, todos en su sitio cual soldados disciplinados, permanezcan de pie al servicio de la comunidad que en reciprocidad sigue otorgando su preferencia a este punto tan singular de nuestra ciudad, por la que han pasado lista de presente: políticos de todo tipo, desde candidatos hasta Presidentes de la Republica, pasando por Presidentes Municipales, Gobernadores, Diputados, Senadores, Secretarios, Profesores eméritos que en franca camaradería han acudido a esas instalaciones para compartir el pan y la sal (y el café) con el populacho y sin distinción de clases. Hermosillo es una ciudad joven, relativamente, apenas son unos cuantos los edificios con más de cien años de existencia y entre ellos debe contarse al Mercado Municipal que originalmente ostento el nombre de Mercado “Luis E. Torres”, cuando este siendo Gobernador del Estado colocó la primera piedra de la construcción un 15 de Septiembre de 1910, después de declarar inaugurada la “Escuela Leona Vicario”. El Mercado Municipal es un edificio cuya construcción inició el Ing. Felipe Salido y que terminó en el año de 1912, ya con el nombre de Mercado “Pascual Orozco”una edificación formada por un cuadrilongo con huecos grandes y chicos a manera de puertas y ventanas, con arcos, pero que no fue del agrado del populacho, motivo por el cual se contrato al Sr. Manuel Millanes que entregóo una obra de muy buen gusto, con una fuente de agua en el centro y el edificio se puso en servicio en el año de 1913, nombrándose poco después al primer administrador el Sr. Don Juan Esteban Montijo. Como el rústico de Pascual Orozco traicionó a los principios de la Revolución, el pueblo se encargó de quitarle el nombre y cambiárselo por el de Mercado Municipal de Hermosillo “José María Pino Suarez” con el que le conocemos actualmente. Los primeros inquilinos que ocuparon el mercado y que empezaron de inmediato a ofrecer sus servicios fueron: Ignacio L. Romero, Ignacio “Nacho” Dávila, José “El Beta” Arvizu, Jesús “Tuerto” Rodríguez, Manuel Serrano, Francisco. “Panchito” Rodríguez, José María “Gringo” Galaz (padre de Don Fernando A. Galaz el orgullo de la Mina), Francisco “Chico” Padilla, Eusebio “Riña” Flores, Macario León, Macario Toro, Doña Jesús “Chu Bolita” Negrete, Carmen Negrete, Juana Dianda, la seria Lucrecia “La Lucrecia Robles”, Doña Fca. “Pancha” Nieblas. Por supuesto que se escapan algunos nombres, pero de lo que si estoy seguro es de que dentro de las instalaciones del mercado municipal, se debería develar una placa metálica con los nombres de tan insignes vecinos que merecen se les recuerde por siempre. Como se sorprenderían los viejos residentes y los que actualmente viven lejos de nuestro Hermosillo de ayer, así como los que ya no nos acompañan, al enterarse que el Mercado ya no es mentidero exclusivo de las mujeres con su “guiri-guiri”, ahora, señores, el mercado es el “coto sagrado” de los hombres, de todas las edades y condiciones sociales, sobre todo los que llamamos “adultos mayores”, pensionados o simplemente desocupados, que se han encargado de desplazarlas, son los hombres los que se han apoderado materialmente de los alrededores del lugar y son los encargados de llevar las novedades de boca en boca con ese viejo estilo usual, cuando la “noticia ”, aun no se enseñoreaba de la radio, la televisión y los periódicos. Basado en el Libro de Don Fernando A. Galaz, “Desde el Cerro de la Campana G r a c i a s Fronteras y 5 de febrero 139, |