![]() |
Los Changarros Hermosillo, Sonora, México |
| Página anterior | Libro de visitas | Ver libro de visitas | Descargas |
| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
“dice mi mamá que se lo apunte…” Por lo general la economía de los barrios, en un gran porcentaje, la sostenían los changarros, El peladaje, que significaba el mayor número de los habitantes del sector, dependía exclusivamente de la bonhomía del changarrero, comerciante que se veía precisado a tener que vender a crédito, porque recursos “caita”. Los núcleos poblacionales de los barrios, que dieron lugar posteriormente a colonias, que en general forman parte muy importante del crecimiento y desarrollo de una comunidad, de cualquier lugar de la República Mexicana, necesitaron de satisfactores que únicamente fueron proporcionados por los almacenes, abarrotes, tiendas, comercios, detallistas, mercaditos, misceláneas, tendajones, changarros, chumilcos, puestos y que se yo. Los propietarios de estos negocios, en general, se vieron precisados a establecer el crédito, el fiado, el fiambres, la democrática cartera, el apuntado pagadero a más tardar los sábados, día establecido por los patrones para liquidar la jornada semanal de los jornaleros, que constituían la gran mayoría del barrio. Por supuesto que algunos se colgaban al gastar su raya en las cantinas, que también formaban parte de la geografía del barrio –cuando menos dos o tres-, y allá va la pobre señora a poner su carota con el abarrotero para solicitarle que no fuera malo que la siguiente semana le pagaba todo, a lo que por lo general estos accedían, haciendo mala cara y todo, pero accedían. Los changarros, por lo general estaban atendidos por el dueño(a) y la mayoría en compañía de sus hijos, raros los que tenían empleados y si los tenían, eran meritorios, chamacos que las mamás del barrio encargaban para que no anduvieran de vagos y para que "de perdis" aprendieran un oficio.Yo fui uno de ellos, y créanme, fui muy afortunado, jamás me imagine el mundo mágico detrás del mostrador, escuela social en donde se aprende a escuchar los problemas familiares como el peluquero o como el cantinero, oír las quejas de los esposos(as), de los hijos, de la suegra, de la vecina, enfermedades, en fin de todito, servir de paño de lágrimas. Una escuela en todos los sentidos, aprender a pesar, medir, sumar, conocer toda la gama de productos que se manejan en una tienda, templar el carácter para poder convivir con toda la gente que diariamente acude en busca del aprovisionamiento de los satisfactores y alimentos necesarios en un hogar.En la escuela la maestra se mostraba sumamente sorprendida por mi destreza para sumar, le llamaba mucho la atención; lo que no sabía ella es que durante las vacaciones, todos los sábados tenía que checar, checar, y rechecar las carteras de fiado, un arqueo completo en que las cuentas debían de coincidir con lo que el cliente traía anotado en su cartera y lo consignado en el libro de la tienda. Por supuesto que las carteras ya habían pasado el examen de casi todos los miembros de la familia y cuando no checaban, que lío A ver ¿qué son estos varios de $72.00...? “Son unas cervezas que se tomó en la tienda don Pancho...”. “A ver a ver, Pancho no me habías dicho…”. Los chavalos siempre fueron más truchas, decían: dame nomás $10.00 de queso y los $2.00 restantes me los das de dulces de papelito, pero me apuntas $12.00. Cada que recuerdo las tiendas en las que me pase mis vacaciones grandes como les decíamos, de inmediato me llega el olor característico de los changarros de ayer, olores que emanaban de todos los productos que en ellos se expendían: azúcar, frijol, harina, frutas y verduras, mantecas, carnes, quesos, chorizos, carnes frías, refrescos y cervezas, toda clase de mercería, (agujas, alfileres, listones, pasadores para el cabello, lociones, polvos, peines, dedales, cierres etc.); granos y semillas (trigo, maíz, milomaiz, lentejas, arroz, semitilla, salvado etc.); aceite para carro, cintos, bolsos, hasta petróleo, una infinidad de artículos que un buen changarro debía tener en existencia y para satisfacción del público tan diverso de una barriada. La tienda de barrio se convertía en el lugar de reunión de las vecinas y también de los vecinos, sobre todo el sábado en que liquidaban la cartera y se empujaban una frías en compañía del compadre que casualmente también acudía a pagar la cartera, muy cumplidores, muy raro el que se iba con toda y hebra, familias muy pobres pero muy honradas. Me consta. Una jornada que empezaba a las 4 o 5 de la mañana, meter el canasto con el pan y la jaba de litros de leche, de aquellos de cristal, barrer la banqueta y regar la calle (de tierra), limpiar el local y acomodar la mercancía que acababa de llegar, acomodar la verdura y en los tiempos muertos, (muy escasos), hacer cartuchos de papel despacho pegados con engrudo, de tamaño normal y los que se usaban para empacar el pan, abiertos de abajo, mas amplios. Después llego la bolsa de polietileno, de plástico pues y eso significó una gran ayuda, se tenían empacados por kilos la mayoría de los granos: arroz, trigo, maíz, el azúcar, la harina, el frijol, la sal y sobre todo se terminó con el empaque de manteca de res y vegetal que resultaba antihigiénico el envolverla en papel de despacho. En tiempo de frío despachar manteca fue una lata, con la temperatura se endurecía y se tornaba difícil el desprenderla de la lata. La manteca de puerco todavía más enfadosa, pesar el recipiente descontar la tara y con un cucharón depositarla dentro, operación que se convertía en un verdadero cochinero, un embarradero de piso, balanza, ropa y manos. Los changarros de cada barrio, significaron el centro de información para la comunidad, allí se componía y descomponía el mundo allí se concertaron matrimonios, compadrazgos, padrinazgos de bautizos, primeras comuniones, bodas, amistades y enemistades, todo tipo de amistades que hasta la fecha perduran y que a lo mejor no recuerdan que fue en el tendajón en donde se iniciaron esos lazos afectivos. A poco usted no recuerda el changarro de su barrio, o a poco no trabajo en un abarrotes, acaso no conoció algunos amigos y amigas en la tiendita de la esquina, a lo mejor pidió fiado o tuvo un negocio de este tipo. Gracias. Fronteras y 5 de febrero 139, |