Fernando Andrarde Los juegos que jugaste
Chamacos vagos y callejeros


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

¡¡Chamacos Buenos para nada¡¡ ¡O vienen o voy por ustedes! ¡Nunca hacen caso, no se que voy a hacer con estos desobedientes!,   ¡Chemali… te llama mi mamá¡ ¡Que ya es muy “nochi” y que hay viene la tormentaaa!

Clásicos gritos característicos en todos los barrios de aquellos tiempos, al caer la tarde;  tiempos en que todos, todos los juegos se llevaban a cabo al aire libre, corre y corre sudando a chorros, descalzos, despeinados pero muy aseados: lloviera o tronara los sábados, sin falta nos bañábamos, mejor dicho nos obligaban a bañarnos, con estropajo y piedra pomes, con unos jabonzotes de pastilla grande para lavar, a veces Yaqui o a veces Turi.

Toda una ceremonia: Desde muy temprano dos botes mantequeros en la lumbre, la tina # 20 en el centro del cuarto, cubiertas ventanas y puertas con cobijas gruesas, sobre la silla el estropajo, escobetín, jabón para lavar de pastilla, un botecito para recoger el agua y lavarse el jabón, una sabana doblada a modo de toalla, sobre el respaldo de la silla y dispuestos estratégicamente, unos ladrillos para que no se pisara el lodo que se formaba en el suelo al salir de la tina y por supuesto, el pomito de Vick Vaporub para frotarse pecho y espalda para evitar un catarro constipado. El escenario corresponde como ya se imaginaran a un barrio de la localidad o a cualquier lugar habitado por la clase media baja, los pelandrujos pues.

Tal vez por la costumbre de que nuestros padres salían de trabajar a más tardar a las 5 de la tarde, o quizás por una inveterada práctica originada en tiempos más antiguos en que no se contaba con la iluminación de origen eléctrico, tal vez, tal vez, pero a las seis de la tarde ya estábamos cenados y listos para tomar las calles por asalto y convertirlas en las pistas deportivas de las que no conocíamos ni en retratos, iniciar los juegos más usuales a la luz “pipizqui” de un foquito de 40 wats en el poste de la esquina en que como maripositas atraídas por la luz, nos arremolinábamos y sorteábamos voz en cuello a que íbamos a jugar: “a las escondidas”, ¡No!, “a la esconde la cuarta”, mejor “a las tentadas”, “el ronchiflon”, “la olla de los tamales”; había mucho de donde escoger y de veras que a todo jugábamos, en ocasiones a juegos no muy recomendados para las niñas pero que aguantaban vara.

Por supuesto que también existían juegos menos agitados pero que por lo general ocupaban nada más parte del día, a la hora del  recreo, después de la comida y antes de la cena, con los mismos calores y temperaturas que padecemos actualmente, con menos pavimento y menos carros, el calor sigue siendo el mismo, nosotros no; estábamos chavalitos, a los que el sol nos hacia los mandados, tomando agua de la llave de la esquina, tragando polvo, comiendo frutos verdes, péchitas, guamúchiles, garambullos, manzanitas, ejotes de bagote, chúcata, naranjas agrias, semillas de calabaza, cacahuates y hasta huevitos de gallinitas silvestres, una matita que se daba en el monte y que tenía un verde esplendoroso; para la sed, solo chupábamos un pedacito de torote prieto o nos echábamos una piedrecita a la boca y san camaleón. Si nos golpeábamos con un “sana, sana, colita de rana...” y una poquita de saliva y a otra cosa mariposa.

LAS CATOTAS (CANICAS):

El juego de las catotas fue uno de los más generalizados y existían verdaderos expertos a los que la plebe les decía “son unas lobas” y a los muy buenos “lobas en calzoncillos”, todo esto para colgarles una etiqueta y darles una categoría, cuando estos pedían juego, de inmediato se medía la destreza y no faltaba uno que decía ¡no, no le juegues es una loba en calzoncillos!, te va a “pelar”. En mis tiempos el más popular de los juegos de las catotas lo significaba “la rueda”, círculo pintado con un palo sobre la tierra y en el que se depositaban las catotas en juego, había unos muy buenos para boliar, es decir en su primer tiro se quedaban sentaditos en el centro ocupando el lugar que ocupaba una agüita y de allí las sacaba todas y “a eso se le llamaba boliar”; existían, varios tipos de catotas: calichones, agüitas, tiritos, catotones y hasta plomitos; cada jugador escogía un “tirito” que se convertía en su preferido de un tamaño un poco más grande que la común catota agüita, con el que se tiraba en “los ojitos”, “veneno”, “la rueda”, “buche a la mano”, “buche a la rueda”, “los siguidiones”, etc. y todos esos juegos de catotas.

EL TROMPO (PICO BOLITA O PICO GARZA):

La cuerda de albañilería se convertía en un artículo que los papás, dedicados a la albañilería (había muchos), tenían que cuidar celosamente pues misteriosamente desaparecían de dos a tres metros de la cuerda que ellos utilizaban para correr niveles y el motivo lo originaba el detalle de que los trompos requerían de cuerda para poder lanzarlos y hacerlos bailar girando vertiginosamente convertidos en proyectiles que servían para golpear a otros depositados en una rueda, sacarlos del círculo para apropiarse de ellos, a este juego le nombrábamos “engorda la cochi”, y por lo general se usaba un trompo con “pico de bolita”, especial para los taponazos; otro juego muy popular también fueron los “picotazos”, sobre todo con el trompo “pico de garza”, que agarraba “costilla”, deslizándose sobre un costado, girando sin recobrar la verticalidad y si no bailaba pues, no contaba el tiro.

LOS FUSILADOS (LOS HOYITOS):

Juego precursor del “gato palo” edición para menores y luego la graduación del beis con las manoplas, palos y bats. Casi siempre de cuatro o cinco participantes que mediante la piedrita oculta en una mano designaban el orden del tirador, cada hoyito al pie de una pared, de casa o tapia se escarbaban en forma casi perfecta usando una ficha (corcholata) tomando en cuenta el tamaño de la pelotita de esponja y a cada uno se le daba un número, cada vez que la pelotita caía en un hoyito, el dueño tenía que recogerla y con ella tratar de golpear a los participantes en una loca carrera hacia un determinado punto que significaba la paz y de allí hasta la pared de donde partieron, si el golpeado no lograba a su vez golpear a otro se le depositaba una piedrecita que al acumularse cinco, tenia que soportar estoicamente que todos le tiraran un  pelotazo a donde cayera y con toda la fuerza posible, una pena cruel pero aceptada por todos.

Describir a todos y cada uno de los juegos acostumbrados sería cuestión de ocupar varia hojas y que de ser posible en posteriores escritos tratare de describir lo más ampliamente posible: “el carro”, “la borriquita del 16”, “la borriquita americana”,  “ la chinchilegua”, “la olla de los tamales”, “el látigo”, “el remolino”, “los colores”, “el pan y queso”, “las escondidas”, “el cinto escondido”, “el bote de la patada”,  “la esconde la cuarta”, “las tentadas”, “las carreras”, “engarróteseme allí”, “rodar dentro de una llanta”, “validos a los: antiojitos, doble rueda, etc.” “el diablo cojo”, “el gato palo”, “andar en zorrillo”, “la matatena”, “palillos chinos”, “a las fichitas”, “trompo”, “balero” y “yo-yo”.

Las mujercitas a : “la bebeleche”, “doña blanca”, “ a la víbora de la mar”, “los trastecitos”, “a las comiditas”, “a los pinyecs”, “ a la cuerda”, “a los papás y mamás”, “a las muñequitas”, “vestiditos”, a “el hula hula”, “a los recortes”, “a las Pinturitas”, “a pintar”, en fin, muchos más que de momento se me escapan  de la memoria pero que ustedes, estoy seguro, los recordaran y hasta a lo mejor, se ponen a jugar alegremente, para que sus nietos sepan de que estamos hablando.

Es de notar, el hecho de que en aquellos ya lejanos años, que yo recuerde, existían muy poquitos niños gorditos, cuando menos en mi barrio fueron contaditos, tal vez el ejercicio continuo y la poquita comida chatarra de la época, contribuyeron en forma definitiva para que la obesidad no se presentara muy frecuentemente, aunado a que todavía no se apoderara de nuestra voluntad el invento más nocivo para la estabilidad infantil: la televisión, esa cajita transmisora que nos enajena por completo y que al no saber dosificarla en los hogares, más que nada por la comodidad de tener a los niños entretenidos, poco a poco nos ha ido entregando niños con problemas de obesidad, enfermos de ociosidad, distraídos, consumidores de alimentos que en nada los beneficia y que cada día es más preocupante.

En las comunidades alejadas de las ciudades en que las comunicaciones fueron muy deficientes, el comercio no ponía al alcance de los niños satisfactores para sus infantiles ocupaciones y aquí se observa claramente, la gran inventiva de los niños de antaño que con la imaginación, solo con la imaginación, gozaban tanto o más que los que tenían juguetes fabricados con ese fin. Con solo trocitos de tronco de la pitahaya, se fabricaba un flamante tractor de oruga, vaquitas, caballos, toros, borreguitos, cercos de un rancho en miniatura y todo tipo de utensilios de juego. Un simple aro rodado con un palo y en la punta un gancho, se convertía en tiempo indefinido de entretenimiento. Trepar arboles, bajar niditos,  cazar pajaritos,  guicos, poroguis, chananitas, cachoras, perritas, salamanquesas, tenía un raro encanto entre las cosas que nos robaban el tiempo y que gozábamos plenamente, libres de los limites de las cuatro paredes, a pleno sol, a plena luz y con la incomparable libertad y goce de ser un niño, un niño dueño del tiempo y el espacio que lo rodeaba.

Posiblemente nuestros hijos y nietos jamás sabrán de todos estos entretenimientos que nos transportaban en las intangibles brumas del tiempo y el espacio, formando parte de un sinfín de ocupaciones propias de un niño, en pleno desarrollo de la mente y el cuerpo, libres de las ataduras del siniestro cajón idiota de la televisión, moderno y bendito satisfactor, al que no hemos sabido aprovechar como vehículo propulsor de la cultura y la educación infantil. Es urgente y necesario emprender una campaña para que los niños practiquen mas juegos al aire libre, la cuna del medallero olímpico esta en las filas de millones de niños pero aun más importante es el hecho de que debemos terminar con la fabricación de niños obesos e inadaptados fértil terreno para las enfermedades de que somos víctimas actualmente.


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