Recopilación: Fernando Andrade Domínguez El Pitic

 

Los bailes de otros tiempos empezaban con lo que llamaban “la marcha”, que era realmente una marcha musical que ejecutaba la orquesta -recuerdo una que se llamaba “Viva Sonora”- mientras las parejas desfilaban alrededor del salón y hacían evoluciones;  en los bailes de gala había “bastoneros” que dirigían las evoluciones.  ¡Ah! y era un descrédito, una verdadera vergüenza “planchar”, -quedarse sentada durante “la marcha”-.  Los jóvenes acostumbraban pedir con anticipación “la marcha” a la muchachas, lo que las libraba de la preocupación de no tomar parte en ella.

Cuando todavía no había en Hermosillo ni casino, ni hoteles que tuvieran salones para bailes, estos e hacían en corredores o patios de casas particulares y los de gala, en el elegante salón de recepciones del Palacio de Gobierno. Más tarde, empezaron a aparecer los casino y clubes que organizaban bailes y tardeadas en sus propios locales.

El Casino de Hermosillo, posterior al conocido como Circulo Hermosillense o “Los Patines”—situado en la calle Comonfort cerca de la Plaza Zaragoza--,  estuvo ubicado en la calle Serdán, donde después se establecieron la Botica Moderna y la nevería Copa de Leche. En ese Casino se efectuó el primer Baile Blanco y Negro que siguió celebrándose por más de treinta años consecutivos, por el que desfilaron como embajadoras y reinas las muchachas más guapas de Sonora y estados vecinos. Era un evento muy elegante, que se hacía con fines de beneficencia y se terminó en la época de la presidencia del Lic. Echeverría en el año 1975, al entrar al Gobierno del Estado el Lic. Alejandro Carrillo Marcor en sustitución del Lic. Carlos Armando Biebrich, se desintegró  el Comité Organizador del Baile Blanco y Negro por falta de apoyo gubernamental y se acabo con esa tradición.

Los Bailes Blanco y Negro se hacían anualmente en los patios del Palacio de Gobierno, y en distintas épocas se bailaba también en el Club Atenas -situado en la calle Serdán-, en la Sociedad de Artesanos Hidalgo, en el Casino Aliancista y en otros  locales acondicionados para ello.

El Casino de Hermosillo organizaba el baile de Año Nuevo y alguno de Carnaval. Todos los domingos había “tardeadas” que en realidad eran “nochada”, pues empezaban entre las 9 y 10 de la noche para terminar en la madrugada del lunes. Era el principal lugar de convivencia de la juventud hermosillense.

Era la época en que las muchachas se sentaban en una hilera de sillas colocadas alrededor de la pista de baile, adonde acudían los jóvenes a sacarlas  a bailar,  y cuando e terminaba la “tanda” las devolvían a su asiento y ellos se hacían bola en la cantina.  Las mesas de alrededor de la pista las ocupaban las personas mayores y las parejas de novios con su obligado chaperón.

En esos tiempos, se usaba que durante los bailes de gala, después de medianoche, dieran obsequios a toda la concurrencia. A esa hora, los meseros aparecían con grandes charolas colmadas de “lonches” hechos en pan virginia y envueltos en papeles de china de colores según era su contenido: los de gallina en papel verde, los de jamón en papel rosa y lo de queso en papel blanco. Por cierto que a veces las asociaciones religiosas obtenían el contrato para preparar los “lonche” y así ganar dinero para las obras de beneficencia.

Durante los años cuarenta empezaron a efectuarse en Hermosillo los famosos bailes “rancheros” o de “vaqueros”, que organizaban los estudiantes de Agronomía y Zootecnia de la Universidad de Sonora, eran de renombre, por su gran ambiente y decoración con linternas y pacas de paja, así como los que celebraban los diferentes clubes, precedidos por manifestaciones con vaqueros a caballo y conjuntos de música norteña. A todos estos bailes rancheros la juventud asistía con trajes  -a veces estilizados- de vaqueros sonorenses y de verdad resultaban muy animados, aunque a veces terminaban en pleitos  a patadas y botellazos.

Por diversas circunstancias se cerró el Casino de Hermosillo y durante algunos años, los bailes se hacían hasta en locales que fueron almacenes y en los patios de las escuelas (Colegio Sonora); en la terraza La Verbena -antes llamada La Pagoda- sobre la calle Serdán y Rosales; también en la Pérgola  de la Casa del Pueblo que existió en el Parque Madero, donde después se construyo el Parque Infantil y en la terraza del Edificio Seguros del Pacifico. El Gral. Abelardo L. Rodríguez, Gobernador en turno del Estado que vivía exactamente frente a esa terraza  -en la antigua casa de la Familia Noriega-, mandaba un policía a parar el baile a las 12,  justamente cuando empezaba a animarse el ambiente, con gran disgusto de los asistentes que reprobábamos su abuso de poder.

Y como en esos años tampoco había orquestas en Hermosillo, sino solo conjuntos improvisados, nos tocó bailar hasta con la orquesta del Batallón de la Zona Militar, pero a pesar de todos estos “pequeños inconvenientes“ nos divertíamos en grande.  Era la época de los danzones, la raspa, la conga y por supuesto se tocaban muchos boleros.  También se bailaba la Bamba en las fiestas, las piezas corriditas como “El Barrilito”. Poco  después se empezaron a efectuar los bailes en un local llamado “La Muralla” que estaba ubicado en la equina de las calles Dr. Pesqueira y Comonfort y que hoy está ocupado por dependencias de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social.

Además, había bailes “al revés” -las muchachas sacaban a bailar a los jóvenes-, organizados por Fina Mazón, Chelo Encinas, Guillermina (India) Quiroz y sus amigas, cosa que aprovechaban muy bien las que eran “planchadoras”, es decir, a las que sacaban poco a bailar.  También se usaban las piezas robadas, que era cuando los jóvenes que no tenían pareja solicitaban la compañera de algún otro que andaba bailando, quien a su vez le quitaba la pareja a otro bailador y así se animaba mucho el baile.  En esos mismos tiempos, había bailes “de gasita”, cuando las bailadoras llevábamos vaporosos vestidos largos de gasa de algodón, a diferencia de hoy que se gastan fortunas en los trajes de baile.

Después se reorganizó el Casino de Hermosillo, y se instalo en el cuarto piso del  entonces nuevo Edificio Sonora y de allí paso a su propio edificio en el Boulevard Kino, donde está ubicado actualmente.

Gracias.

Fronteras y 5 de febrero 139,
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