Fernando Andrarde Las labores de ayer en el hogar
Hermosillo, Sonora, México


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Jamás paso por mi mente la idea de la gravedad de la enfermedad de mi abuela, nunca lo imagine, menos que podía morir algún día.

Siempre creí que ella no se podía enfermar, nunca la vi cansada, triste o desanimada, al contrario, fuerte, llena de vitalidad, trabajadora: lavando, planchando, cocinando, trajinando constantemente alrededor de la casa; la primera en levantarse al clarear el día y la última en retirarse a descansar, incansable, transpirando alegría y ganas de vivir.

Su muerte me marcó y después nada fue igual. Con ella jamás me faltó el plato de comida calientito, la camisa olorosa a jabón, pantalones planchados y mis cosas en su lugar, labores que mi abuela llevaba a cabo con mucho gusto, por el solo hecho de hacer las cosas, mantenerse ocupada con afán perfeccionista.

Tenía un día para cada labor, el lunes: lavado y hervido de la ropa blanca, martes: remiendo y zurcido, el miércoles: planchado en general, el jueves: aseo y limpieza de la casa, viernes: atención a su amado jardín, el sábado: coser, hacer camisas, blusas, vestidos en su "Singer", tan vieja como ella y el domingo, a recorrer los ejidos vecinos en donde "falluqueaba" sus costuritas y todavía por la tarde sentarse a "calar" manteles o tejer chambritas o bufandas.

Por lo general trataba de ayudarle en todo lo que podía, sobre todo cuando se ponía a lavar ropa y a planchar, labores pesadas desde cargar con los tambachis de las prendas de vestir que requerían aseo, grandes bultos que para su endeble y ya dobladito esqueleto, significaban un esfuerzo enorme. En la actualidad todo ese "trabajal" que mi abuela llevaba a cabo a mano o "sobándose el lomo" como ella decía, ya no es necesario, los inventos del hombre moderno vinieron a resolver tareas tan cansadas. Ojala se hubieran inventado antes o que mi abuela hubiese nacido más despuesito, no que se arrimó unas "friegas" tremendas.

LA LAVADORA

Desde siempre la ropa sucia se ha lavado "cociéndola" en agua caliente con jabón, en 1782, H. SIDGIER diseño un artefacto operado a mano, compuesto por un tonel de madera y una manivela. EN 1851 el norteamericano JAMES KING invento y patentó la lavadora con tambor y en 1858, HAMILTON SMITH añadió al tambor la rotación en ambos sentidos. Eran pocos los que llegaron a tener esos "aparatos peligrosos" (los usuarios estaban expuestos a cortes y atrapamientos en sus grandes correas de transmisión). En 1880 aparecen las primeras lavadoras que calientan el agua mediante gas o carbón

Con la incorporación del motor eléctrico y de explosión, entre 1900 y 1935, llega la automatización. La primera lavadora eléctrica data de 1908 (Fischer).  Funcionaba, y bien, hasta que el movimiento de la cuba hacia salpicar el agua a la toma de corriente y el motor, con gran riesgo para el usuario. Por ello en los años 30s, el tambor se cerró herméticamente evitando más sustos. Los laureles de la primera lavadora completamente automática se los disputan Bendix Corporation (1937) y la General Electric (1947). En cualquier caso, eran tan caras e inseguras (había que sacar la ropa a través de dos peligrosos rodillos escurridores en la parte superior) que las hacían sumamente peligrosas Desde entonces a la fecha mucho llovió (y mucho se lavo), allá por los 50s se agrego el temporizador y las convirtió en totalmente automáticas, la producción subió y  los precios fueron más accesibles a mayor número de hogares.

Desde muy tempranito arrimar los leños y atizar para que hirviera el agua y el jabón "Yaqui" en que la ropa blanca se depositaría para obtener un blanco albo y radiante mucho mejor que todos los blanqueadores modernos. Acarrear en la palanca botes mantequeros con agua, llenar la tina en que con mucha paciencia la viejita colocaba el lavadero de madera y lamina en que tallaba la ropa para desmugrarla. Encendía su macucho torcido a mano y de allí en adelante no dejaba que se le apagara, prendía sus cigarros con el que le colgaba de sus labios, desdentados y rezongones. No le jalaba al cigarro y esto hacia que la columna de humo fuera directamente a su ojo derecho que mantenía cerrado y que con el paso del tiempo hasta gacho lo tenía. Al empezar sus trabajos se amarraba una toalla en la cabeza para protegerse del calor y una blusa de manga larga para no quemarse con el sol.

Platicaba, entrecerrando sus ojos, que más antes cuando estaba chamaca, la "lavada de la ropa" era un" trabajal", había que madrugar cargando sobre la cabeza los canastos con la ropa sucia hasta el rio o a la acequia para escoger el mejor lugar, con sombra y con una piedra grande en donde llevar a cabo el restregado y la sacudida contra la roca, llevar suficiente "amole" porque todavía no había jabón, cargar de vuelta todos los "géneros" húmedos que doblaban el peso original, para tenderlos al sol o colgarlos entre los arbustos y matorros de alrededor y a veces se le hacía tarde y llegaba a casa a tender en el cerco de alambre de púas.

La "planchada", esa es otra historia, una tarea también muy laboriosa, donde permanecía más de tres horas de pie, moviendo constantemente un artefacto que fácil pesaba los dos kilos, a veces más, dependiendo del modelo y manejándola con mucho cuidado de las quemadas. A veces se desvelaba porque no le alcanzaba el tiempo para tanta ropa de la familia, pero para ella siento que significaba un sacrificio con sabor a satisfacción. Hacia adelante, hacia atrás, cambiando de plancha, avivando el brasero en donde la otra esperaba, aquellas planchas de fierro, pesadas y difíciles de maniobrar, pero ella, toda una experta lo hacía fácil. La plancha que permaneció por más de 200 años como el utensilio usado para mantener la ropa libre de arrugas, símbolo de refinamiento, pulcritud y categoría social que de ninguna manera resultaba  fácil conseguir el efecto deseado.

MUY BREVE HISTORIA DE LA PLANCHA

Los Griegos, allá por el Siglo IV a. de C, utilizando una barra de hierro cilíndrica trataban de quitarle lo arrugado a las telas de sus vestimentas, claro después de haber sido calentada. Los Chinos, usaron sartenes de metal con brasas encendidas para alisar sus prendas en el Siglo I d. de C. Los Vikingos, utilizaban una pieza en forma de hongo invertido que pasaban sobre la ropa húmeda y fue hasta el Siglo XVII que en Europa se inicio el uso de gruesos bloques de hierro en forma de Delta que calentaban al fuego, con buenos resultados. En este siglo se logro un diseño posterior que consistía en una caja de hierro que podía llenarse de carbón encendido que debería ser airado periódicamente por medio de un fuelle y así durante más de 200 años La "plancha" no cambio sustancialmente, excepto en el siglo XIX en que se instaló la iluminación de gas en los hogares y algunos inventores idearon la plancha calentada con esa forma de energía, pero la frecuencia de los escapes, explosiones e incendios, determinaron llevar las ropas arrugadas.

El verdadero "boom" en el planchado llegó con la instalación de la electricidad en las casas y así el 6 de Junio de 1882, Henry W. Weely, un inventor nativo de New York, obtuvo la primera patente de EEUU para una plancha eléctrica. Su concepto de espiras resistentes al calor era imaginativo, la plancha en si era poco práctica, solo se calentaba lentamente enchufada en su soporte y se enfriaba rápidamente. En 1906 E. Richardson decidió lanzarse a la fabricación de planchas eléctricas dando a su producto su nombre. Las planchas eléctricas presentaban el mismo problema que los demás aparatos eléctricos de la época, con la única excepción de la bombilla (foco), Hasta a mediados de 1905 muchas centrales eléctricas no ponían en marcha sus generadores hasta la puesta del sol y los paraban al despuntar el día, ocasionando el que solo se planchaba de noche, costumbre que adoptaron las amas de casa de todo el mundo en que la energía eléctrica ya estaba instalada. Fue hasta el año de 1924 en que se agregó a la plancha el termostato y hasta 1926 el dispensador de vapor

Planchar la ropa es una ocupación de lo más tediosa en el cotidiano "quehacer del hogar" y eso que ahora contamos con planchas muy eficaces, rápidas, automáticas, livianitas y rápidas en calentarse, con graduación de temperatura que facilitan las labores de alisar la ropa.

Las primeras planchas, generalmente realizadas en hierro fundido muy macizo, se calentaban directamente sobre los carbones encendidos de tal modo que se hacía necesario de disponer de cuando menos de dos para trabajar mientras la otra se calentaba, posteriormente los modelos de metal huecos, rellenos de brasa de carbón encendido, inauguraron una nueva etapa. Este modelo tenía una caja de base triangular con una tapa superior por donde se introducían brasas ardientes que calentaban, provistas también de una chimenea y de un tiro como si se tratase de un pequeño horno en miniatura para controlar el calor y su duración.

Todavía andan por allí en manos de soñadores y coleccionistas algunos modelos que se han convertido en piezas de museo, artefactos que para nuestros antepasados significaron artículos de lo mas cotidiano y común, cada hogar poseía cuando menos, mínimo 2 planchas para el quehacer diario.

LA MAQUINA DE COSER

Ya desde el año de 1830 el Francés Bartholemy Thimonnier originario de Lyon inventó su máquina de coser que comparativamente asombró por su velocidad, un experto sastre alcanzaba a dar 30 (treinta) puntadas por minuto y la máquina de Thimonnier lograba (200) doscientas lo que le valió tener 80 (ochenta) máquinas en funcionamiento laborando uniformes militares.

Fueron dos bostonianos Elias Howe e Isaac Singer los que evolucionaron (a máquina de coser con un sistema de doble hilo, que se enfrascaron en un litigio para patentar su invento y mientras ellos peleaban Walter Hunt que ya tenía su invento desde once años atrás así como una serie de inventos sin patentar por no dejar a los sastres sin trabajo, se dejaba ganar la gloria y la fama de ser el precursor de la máquina de coser.

LA ASPIRADORA

Apenas los ricos disponían de recursos para darse el lujo de poseer una aspiradora de Cecil Booth además de que su funcionamiento requería de dos sirvientas. La idea de fabricar un modelo pequeño, portátil y más manejable, se le ocurrió a James Murray Spangler que fabricó su primera aspiradora utilizando un viejo motor de ventilador montado sobre una caja de jabón, cuyas grietas habían sido cerradas con cinta adhesiva. La bolsa de polvo era una funda de almohada. Spangler patentó su invento en el año de 1908.

POBRE ABUELA

De conocer el futuro te hubieras esperado un poco a que inventaran todas esas chácharas o a que se abarataran porque de nada hubiera servido que ya estuvieran en el mercado si no disponíamos de dinero suficiente para adquirir todos esos mamotretos que los sabios fueron inventando.

Pobre abuela a lo mejor allá estas con toda tu chimuela sonrisa, colgando de tus labios un torcido del "Torito", pensando como siempre que las cosas se deben hacer personalmente y a mano porque de otra manera no quedan bien, como aquel pan que horneabas, aquella capirotada que tu solo podías cocinar, los frijolitos aguados con queso que hacia hebra y en fin todo aquello que aun añoro y que deseo volver a vivir, pero en tu compañía abuela, que no sabes ni te imaginas todo lo que me hiciste falta desde que decidiste irte sin previo aviso y sin demostrar un poquito tu dolor. Adiós

G r a c i a s

 

Fernando Andrade Domínguez
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Hermosillo, Sonora, México


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