Recopilación: Fernando Andrade Domínguez El Pitic

 

Otra vez la Calle Mina. . . Cierto, sigo siendo una calle destartalada y sucia, no obstante los esfuerzos muy dignos de aplaudir de José Alberto Healy Noriega, y porque no decirlo, del señor Ing. Agrónomo don Tomas Gómez Montalvo que tiene pocos años de vecino de Hermosillo, pero que se ha preocupado muchísimo, porque mejoremos como vías de tráfico y muy especialmente como testimonio de las bellezas con que nos adornábamos años atrás.

Soy la Calle Mina  y me dio su nombre ese insigne patriota español don Francisco Javier Minaque vino de su patria España a luchar por los derechos de independencia de nosotros los mexicanos.

Estoy íntimamente hermanada con ese “gigante centinela devorador de siglos” el Cerro de la Campana y lo abrazo fraternalmente desde la Calle del Comercio (así se llamaba antes de substituirle su verdadero nombre por esa simplonada de “Sufragio Efectivo” hasta el barrio de la Matanza.

Algunos me llaman “las Pilas” y a quienes me habitan “Pileños”, ¡pero que pileños tan singulares¡ como don Fernando Galaz que desde “El Cerro de la Campana” y “Dejaron Huella en el Hermosillo de Ayer”, relata todo el desarrollo que tuvo nuestra ciudad desde su origen hasta los años de este agitado Siglo XX.

Don Facundo y don Fernando son los personajes que con sus escritos harán que perdure por siempre la imagen de quienes me han habitado.

Siempre recordare al “Gualito”, esposo de la “Calita”; al “Güero Chispirri” de pelambre hirsuta a quien, según el decir de quienes lo conocieron “ no se le asentaba el pelo ni con una lata de manteca de res”; al “Yaqui” Nevarez, padre del “Noro” tan conocido en nuestros días por su afición beisbolera; a las familias que habitaban las cuatro casitas embanquetadas de don Juanito Carrillo; doña Refugio viuda de Galindo, doña Magui Gallardo; doña Julia Cienfuegos, casada con el cuate Antonio Valle, madre del “Pichichi” y a don Ramón Valle Cubillas, que al matrimoniarse con doña Panchita Flores procrearon una numerosa familia; los cuates Ramón y Antonio; Francisca, que caso con Pedro Noriega que tocaba el violín en el cuarteto de “Los Viejitos”; Guillermo casado con Adela Medina y sus canciones acompañadas por su guitarra “en una mesa te puse un ramillete de flores, María no seas ingrata, regálame tus amores”; Carlos, Enrique y el mas señalado de todos ; “El Chinchas”.

Había olvidado a Rosalía, la más pequeña de la familia Valle Flores, que casó con el pileño Alejandro Robles Carpena “El Chiman”, que tuvo como profesión “imprentero”, como el “Ciego” Manuel Galaz y algunos otros pileños. En mi calle vivieron y nacieron intelectuales, periodistas, y no solamente panaderos, matanceros, como tontamente se ha creído. De la familia de Rosalía y Alejandro  algunos de sus hijos son: Contador: Alejandro;  el mayor Ingeniero Agrónomo  Jorge Humberto;  Administrador de Empresas Marcos; Entomólogo, Joaquín; Licenciado en Derecho y también Licenciado en Letras, Ernesto. Ya ven que como calle me he intelectualizado y hasta vi actuar a una famosa “arúspice” “Doña Elvira” que sabia echar la baraja, y que tenía una muy señalada clientela entre personalidades de “la pomada”. Vecinas de doña Elvira lo eran las Santoyo, Paquita, Rosa y María Luisa, quienes vivían con su mama.

Frente a las comentadas estaba la tienda de abarrotes “El Tejaban” de doña Vicenta, madre de Chicho Laguna y Lupita. Y para finalizar con la familia Robles Carpena citare a Agustín y Narciso, ambos de oficio albañiles.

Agustín puso los primeros mosaicos en el piso de la planta baja del Palacio de Gobierno y los de la Plaza Zaragoza. Al segundo, Narciso, una bala lo mato en la Estación del Ferrocarril el día que llego el General Almazán a Hermosillo, cuando contendía con el General Manuel Ávila Camacho a la Presidencia de la Republica. No dejaré de citar a Cuquita Robles de Terán, bondadosa y gentil maestra del kínder y miembro distinguido del Clan Robles, trabajaba en “El Mundito”.

De recordación obligada, la licorería del señor Parra y su bella hija Esperanza. Otras familias las formaron; Don Rafael y doña Lolita Méndez con sus hijos Rafael, Concepción, Tuchita, Lolita, Alfonso, José y en la misma dirección la familia de don Pedro Molina “El Curro” y su esposa doña Anita, con sus hijos María Luisa que casó con Antonio Alessi de origen Italiano, Mariana y Pedro que casó con Panchita Valenzuela y era el único pileño que asistía a los baile del Círculo Hermosillense.

El grupo Pileño de mayor prosapia la originaron el Gringo Galaz y su esposa Angelita. Ellos procrearon a Mariana que casó con don David López Mariñez, originario de San Miguel de Horcacitas, (abuelo de Manuel Acosta, excelente Gerente de la Unión Agrícola y Ganadera de Hermosillo), Fernando que casó con Juanita “La Chata” Valenzuela; Barbarita, esposa del cuate Ramón Valle Flores; Luz, que casó con “El Yaqui” Francisco del Moral; Mercedes, esposa del Chito Vega, excelente carpintero; Manuel casó con Carmen Molina, le decían el “Ciego” Galaz, y por muchos años trabajó en el periódico “El Imparcial”.  Se nos escapaba Antonio, otro hijo del Gringo y Angelita.

Debo citar a la familia de don Filomeno Muñoz y a sus bellas hijas, a la familia del profesor Luis López Álvarez y a las muchachas Galindo: Cuquita y Ma. Luisa.  También vivían en el barrio: el panadero Jaime, el “Cabezón Valenzuela”, Alejandro Huez y su hermano Blas que casó con María Luisa Encinas, el Tony Leyva, el “Johnson”; el “Nicuiri” Valenzuela, el “Chonte” Sánchez.  Otro panadero de nombre Manuel Gortarez que recorría pregonando su sabrosa mercancía, y al fondo de la calle la familia López, con Orencio, Nayo, que por tantos años sirvió al Cuerpo de Bomberos, y a sus hermanas las bellas Cuquita y Leonor.  Dignos de recordare: Lencho el Zapatero y la costurera Lola Patiño.

Estoy orgullosa de haber cobijado a don Manuel Galaz alto funcionario del Banco Ganadero, muerto en un accidente de aviación en Bahía de Kino. Y de la misma profesión financiera,  a  Luis Vega Galaz, casado con Ma. Lourdes López Vucovich. Y para no cansarlos, citare por ultimo a Ernesto Galaz M. quien ha desempeñado puestos muy importantes en los círculos financieros y comerciales de la ciudad. ¡Qué le parece la calidad de gente que vi nacer en este barrio pileño!, al que puede agregarse la calle Cucurpe, la Oposura, la Felipe Salido y otras como la Álvarez y la Garmendia, por allá en las Olas Altas.

Pido la palabra,  y me la han de dar aunque no tenga mi “curriculum” personalidades de tanto relieve como las que tuvo nuestra compañera La Mina, pero es el caso que ya  es insoportable el abandono en que me han tenido las autoridades y de quienes le sucedieron como Autoridad Municipal, jamás se han acordado de mí. Me tienen abandonada no obstante que soy la rúa para ascender a mí amado Cerro de la Campana que, como excelente  mirador, nos hace un ambiente panorámico para contemplar a nuestra bella ciudad.
Año con año soporto la Cruz de la Pasión, con cánticos, rezos y luces benditas. Nuestro Arzobispo Don Carlos dirige la procesión, pero de mi condición deplorable nadie se interesa.  Soy la Calle Cucurpe,  recibí el último arreglo cuando el Arquitecto Inukay Yokoy me puso “muy cuca” arreglando el alumbrado público y dando acceso a autos y peatones. Pero desde esa fecha,  me tienen olvidada y sin esperanza de que alguno de los muchos reporteros que escriben en los periódicos deje, por una ocasión siquiera, de referirse a inefables y bellísimas cualidades que adornan a quienes aspiran a ocupar un  puesto público, para referirse a nuestra paupérrima situación. Sea por Dios.

A ti, Nicolás Bravo, que cuidas la espalda a Catedral, solo te daremos unos minutos para que hables de los tuyos, pues el tiempo corre y estamos algunas otras calles deseosas de echar nuestro “cuatro de espadas” y ya esta anocheciendo, y la ronda de “cuicos” a caballo pueden malinterpretar nuestros propósitos de recordación de tiempos pasados.  A la carga, Sr. Bravo.  También soy de poca extensión, desde la Querétaro (ya desaparecida) hasta la Cohetera, que mejor debería de llamarse Callejón del Cuervo, que fue quien le dio vida y presencia con sus excelentes relatos.  De Norte a Sur  me habitaba la familia Leyva, con Carmelita, Amelia y Jesús.

La primera casó con el señor Gaudelio Burquez Luján, e integraron una familia de cuatro hijos varones a saber: l.- Gaudelio que casó con Rosa Martínez, originaria de Cananea, Sonora y buena jugadora de voli-bol. Sus hijos: Ing. Gaudelio Burquez Martínez; Carmen Rosa casada con Carlos Tapia Sánchez, y los dos últimos, Mario y Carlos;  2.- Ignacio, que casó con María Elena Valenzuela. Son sus hijos: Arquitecto Ignacio Burquez Valenzuela, casado con María de los Ángeles González Guerra (sobrina de Don Servando Guerra); Ingeniero Francisco Burquez Valenzuela, casado con María Teresa Díaz Quintanar, (del mejor Café Combate); Federico Martin casado con Lucia Landell Martínez.  3.- Alberto, magnifico jugador de volibol. Sus amigos le decían “el muerto”. Casó con Leticia Montijo Bereau, y de ese matrimonio son siete hijos: José Alberto, Luis Fernando, casado con Guadalupe Cárdenas González (sobrina del Ing. Leonardo González Anaya); Gabriela casada con Diego Munguía, y Ma. Del Carmen, Leticia Cesar y Martha.  4.- Ernesto casado con Teresita Silva Peñuñuri, del mero Sahuaripa. Procrearon vástagos: Ernesto casado con Elsa Olivia Ochoa; la Arquitecta Teresita, casada con el Ingeniero Rogelio Baidon, de Ciudad Obregón; Marco Antonio, Ana Sofía y cerramos el relato con Carmen Leticia Burquez Silva.

Amelia Leyva casó con Don Pancho Castillo, creador del Banco Ganadero y Agrícola que se localizaba por la Calle Guerrero a la altura de la Abarrotera de Sonora, hoy Mazón Hermanos.

Frente a los Leyva, la casa de doña Amelia Macalpin de Eggers, y en la esquina el changarro de Enrique López y su esposa doña Adriana Ortiz de López, sus hijos: Enrique y el distinguido profesional de la abogacía Carlos López Ortiz.

Cruzando la calle Urrea nos topamos con otro changarro, el de Don Tirso Gámez, y un poco al sur y en la misma acera vivían las señoritas Esther y Sara Noriega que eran el alma de Catedral. Y llegamos a la familia más numerosa de todo el barrio, la que formaron don Francisco Noriega Soto de oficio carpintero y Elena Contreras Escobar. Fueron 14 hijos: Francisco que falleció en los Ángeles California, Armida, Hortencia, Artemisa, Armando “El Mudo”, vive y trabaja en Mexicali, Elena, Alonso, Juan, Juventino que vive en Nogales, Arizona y está casado con Aida Sánchez, Juanita que caso con Manuel Chávez Mendoza originario de Magdalena, Sonora, Judith, Carmela, Concepción, Rubén Antonio (Marques de la Cohetera y Duque del Cachoral) casado con Angelina Calderón, hija de Don Arturo Calderón dueño de la fábrica de cigarros “El Toro”, hermana de Esperanza que casó con Rusdibaldo Gil Samaniego, padres de Alfonsina “La Fonti” que ya casada radica en Tucson, Arizona y la otra hermana de Angelina, Margarita que casó con José Jesús Valenzuela “El Tochi”. Y fue Francisco Moisés (Michelin) que casó con Socorro Villa, el último retoño de Don Francisco y doña Elena.

Personaje muy importante era el Escultor Don Aquiles Baldassi y su vecina doña Jesusita de Chávez Camacho y sus hijos Remberto, Godofredo y Armando.

Antes de cruzar la Orizabaestaba la hermosa casa de Don Pablo Rubio y su esposa Ernestina Cubillas, sus hijos: Horacio, Fernando, Olayo, Dolores y Armando.  Don Pablo era dueño de una Funeraria cuya carroza era jalada con cuatro caballos que los cubrían con una malla blanca cuando el servicio lo daban para una señorita.

Y nos vamos acercando a la Cohetera después de situar la casa de Doña Josefita Ortega (costurera) y su esposo Francisco (carpintero) y al final de la cuadra la casona que llamaban El Castillo y que tenía una entrada escalonada con balcones preciosos hacia la calle. En esta casa vivió la familia de Horacio Rubio y su esposa Hortencia Salcido.

Continuaremos. . .  eso ni lo dude. . . .

Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
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Hermosillo, Sonora, México.


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