Fernando Andrarde La vieja costumbre de leer
Hermosillo, Sonora, México


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Desde que existen los libros, lógicamente existen los lectores, hábito que con carácter masivo no es muy usual, cuando menos en nuestro entorno, pero sobre todo que los niños sean quienes le dediquen  tiempo a la lectura; una  costumbre que allá a la mitad del siglo pasado, en los cuarentas y los cincuentas tuvo mucha aceptación, cuando menos en estas latitudes; práctica originada posiblemente por la característica tan humana  de la “imitación”, veíamos a nuestros padres leer y pues nosotros también quisimos leer, ¡chatarra!,  si usted quiere, pero lectura al fin.

Los editores en general observaron este fenómeno e iniciaron la publicación de revistas dedicadas a las mentes infantiles, y a las no tan infantiles, creando historietas ilustradas con dibujos de personajes  y héroes ficticios con que nos fueron cultivando a través de revistas diarias, semanales, quincenales o mensuales, que se fueron adentrando en el gusto de las masas,  que prácticamente las arrebataban.

Recuerdo con mucho agrado las historietas contenidas  en la revista “Cartones”, una publicación editada en tamaño grande, casi como la de algún diario tipo magazzine y que traía historietas varias como: “Mandrake "El Mago", siempre acompañado por su fiel Lotario (un Zulú, tamaño familiar envuelto en una piel de tigre);  “Tarzán de los Monos” de la imaginación del Sr. Edgard Rice Burroughs; “El Principe Valiente”; “Roy  Rogers”; “Gene Autry”, “Buck Jones”; ”Hopalong Cassidy”; “Educando a Papá”; “El Capitán y sus Sobrinos”; "Lorenzo y Pepita”; “El Gato Félix”; “El Fantasma”; “Cumbres Borrascosas”; “los Caballeros del Rey Arturo” y  “los Caballeros de la Mesa Redonda”; “El Pirata Negro”; “Almas de Niño” y un etc. más largo que la cola para comprar tortillas.

“Cartones” fue una revista cara, más que nada debido a su tamaño y contenido que nos obligaba a tener que acudir a “Los Pinos” para “rentarla”, negocio establecido en la esquina de las Calles Sonora y Garmendia, allí a un ladito de la Jefatura de Policía y casi enfrente de la cantina “la Noche de Ronda” lugar del que a lo mejor usted se acuerda y en el que dimos cuenta de páginas y páginas de ávida lectura y con la que nos elevábamos a alturas increíbles volando con nuestra imaginación.

El propietario de este negocio, que además vendía refrescos y fruta de horno (como le llamábamos a los sabrosos kekitos), empanadas y pan de dulce, tengo entendido pertenecía a un señor apodado “El Chiro” Leyva o a un señor Anaya, ambos relacionados con la policía local en donde prestaron servicios y se les recuerda frecuentemente.

En el barrio, a diario esperábamos a un señor que a bordo de una bicicleta llanta gruesa, “Rollfast”, con pito y canastilla, adornada con llamativos listoncitos de plástico que pendían de las terminales de los cuernos, nos vendía revistas seriadas como “El Pepín”, una revistita pequeña que contenía historietas y que nos inició en la lectura con “Almas de Niño” de la Sra. Yolanda Vargas Dulché, una cantante radicada en México y que casada con un Cubano don Guillermo de la Parra, invento el personaje de “Memín Pinguín” miembro de la pandilla y que se convirtió en el personaje central encarnado por un pequeño niño de color, muy atarantado pero muy simpático que formaba parte del grupo al que a diario metía en líos, con un cariño rayando en lo obsesivo por su obesa madre “Eufrosina”, una señora de color, ataviada con amplias faldas y su infaltable turbante o pañoleta de lunares rojos sobre fondo blanco, cubriéndole su cabeza, copia de la dama de la publicidad de una popular harina para hotcakes “Jemmima”.

Historias muy tiernas, diarias peripecias de sucedidos, que giraba alrededor de un grupo de niños que formaban una pandilla de barriada en que se daba la mezcla divergente de: El hijo de la Señora que por necesidad practicaba “la Vida Alegre” y que no conocía a su padre, el hijo del noble carpintero viudo, siempre ebrio pero con un enorme corazón y cariño a su vástago, el niño de familia acomodada, el “riquito” y que a pesar de su condición afortunada, prefería la compañía de sus amiguitos pobres con los que asistía a una escuela de gobierno; el niño de color al que defendían de la crueldad de los demás compañeros de la escuela. Esta historieta nos mantenía pendientes a diario, adivinando que iba a pasar otro día, la esperábamos con ansia y desesperación, además que nos abría la imaginación para conseguir los centavos y adquirir el ejemplar.

La inteligencia de la Sra. Yolanda Vargas Dulché y la iniciativa de Don Guillermo de la Parra, en una muy efectiva combinación crearon el emporio “Grupo Vid”, que aglutina: Editoriales de Fotonovelas, Estudios de Cine, Hoteles de Lujo, (Ma. Isabel, Kristal de Acapulco, Ixtapa Zihuatanejo, Vallarta, Can-Cun y la Cd. de México).La Editorial se perfiló publicando historietas de personajes más de carne y hueso con argumentos inolvidables que hasta sirvieron como guiones de películas: “Emoe”, “El Hijo de Emoe”, “María Isabel”, “Yesenia” y muchas más que les dio a ganar muchos pesos, una inmensa fortuna que se vio lastimada cuando el Fisco les encontró fallas y la privación de la libertad del Sr. De la Parra.

Dos cosas curiosas: “María Isabel”, fue argumento de una telenovela, posteriormente una película y dio el nombre a un famoso hotel propiedad del grupo Vid y el personaje de “Memín Pinguín” fue inspirado a la Sra. Vargas Dulché por Don Guillermo de la Parra y su origen Cubano.

Doña Yolanda Vargas Dulché en compañía de su hermana, en su juventud formó parte de el conocido (en esos tiempos) dueto Rubia y Morena, dueto exitoso que grabó algunos discos y aun se pueden encontrar grabaciones con sus voces, bastante aceptables, solo que en colecciones muy privadas.

Con anterioridad a la revista Pepín ya había circulado otra con casi la misma estructura pero de un tamaño un poco más grandecita y que se llamaba “Paquito”, que entre la adolescencia tenia regular preferencia pero muy poca entre la niñez, sobre todo porque en su contenido se encontraban argumentos más propios para la juventud, más no para los muy “chavalitos”.

Punto y aparte merece la revista “Confidencias” que el Sr. Don Edel Castellanos en las muy famosas "Librerías Excelsior", editaba aquí en esta ciudad  en su domicilio de Matamoros y Dr. Noriega, esquina nororiente. Esta revista se convirtió en la favorita de las familias proletarias y las no tan proletarias por su buen contenido, manejaban un “Buzón Confidencial” en el que se dió el caso de que algunas personas encontraron a su otra mitad por medio del intercambio de cartitas a través de la revista en que a cada cliente en busca de pareja se le asignaba un número, nunca se manejaban nombres.

En esas mismas fechas circulaba la revista “Chamaco” que posteriormente se convirtió en “Chamaco Grande” con la que se obtuvo poco éxito. Chamaco se recuerda a la distancia de más de cincuenta años y se evoca con nostalgia y emoción la modalidad de no contar episodios completos, siempre se quedaba en lo más emocionante; los relatos de Rolando el Rabioso, Los Supersabios, Wama y Tawa con sus personajes con nombres al revés como: Etreuf “Fuerte”, los Hom-Goris “Hombres Gorilas”, Hom-Cab-Agui, “Hombres Caballos Aguila” combinación de caballos con alas de águila y torso y cabeza de hombre, Soemgip “Pigmeos” en fin, una caterva de seres que salían de la mente calenturienta y medio enajenada de un escritor y un dibujante más locos que una cabra, pero que a nosotros, nos emocionaba al máximo, por lo que no nos perdíamos un solo episodio de “Wama el hijo de la Selva”, parodia económica de Tarzán.

También formaron parte esencial de la revista “Chamaco” las aventuras de “Los Supersabios” de Germán Butze, una historieta que se adelantó a la época, viajes interplanetarios, experimentos científicos, un sabio loco y su ayudante, un grupo juvenil de chavos habitantes de un pueblito llamado Picamosco en el país de X, luchando en contra de la mente cochambrosa y desnaturalizada de un par de locos en su lucha por apoderarse del mundo.

La familia de Doña Pola, el abuelo gruñón Don Seve, Paco, Pepe, Polita y el estrella Panza, un chavalo gordinfloncito con su eterna boina, peleando en desigualdad de circunstancias con Solomillo el "Sabio Loco" y su ayudante "El Médico", aventuras con situaciones chuscas pero eso si, muy futuristas.

Por supuesto que había las revistas que para nosotros los chavalos estaban estrictamente prohibidas: Vea, Vodevil, Ja Ja, El Policía, etc., etc., pero que nos dábamos maña para hojearlas, sobre todo en las peluquerías, al esperar turno para el corte de pelo.

Leíamos de todo, revistas intrascendentes, historietas, caricaturas, cosas que no valían la pena pero que a fuerza de crear costumbre poco a poco nos fue inquietando, un poco más grandecitos, ya en edad de secundaria, empezamos a leer las Aventuras de Salgari y su héroe Sandokan, Corazón:  Diario de un Niño, De los Apeninos a los Andes, El Principito y de ahí pal real, cada quien se aficionó de acuerdo con el sabor que le fue tomando a la lectura, un hábito que ha ido desapareciendo lentamente con ligeros repuntes como el actual de Harry Potter y párele de contar. ¡Qué lástima, leer es cultura!.

Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


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