Recopilación: Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Todos, o casi todos los niños de aquellos tiempos, poseíamos un tesoro, un precioso tesoro que cuidábamos celosamente y que además no era ambicionado por los adultos, cosa rara, pero cierta, nunca fuimos despojados de nuestras queridas pertenencias: un trompo pico bolita, un puñado de catotas y nuestro querido y bien cuidado como lo más valioso, el álbum de cartitas.

¿Cuántos de los chamacos de la época no poseíamos un álbum? Un álbum  que afanosamente nos empeñábamos en llenar, y que por lo general, casi en ninguna ocasión logramos, cuando menos en mi barrio no hubo un niño que lo llenara completamente, o le faltaron 3 o más cartitas o se terminaba la emisión de los sobrecitos conteniendo 5 o más estampitas en su interior y nos quedábamos como las novias de rancho.

El álbum ocupaba todo nuestro tiempo, le dedicábamos hasta las horas de escuela, todo el día intercambiábamos “cartitas” con los demás niños que ya tenían muy bien definida su categoría como  coleccionistas, los que tenían más adelantado el álbum,  eran los que nos  pasaban “tips” de  los lugares para adquirir sobrecitos  y en donde salían menos repetidas, “en la tiendita de la calle octava, están saliendo nuevas, allí le salió a el Sabino El abrazo de Acatempan”.Las estampitas repetidas también nos servían: las que uno tenía repetidas otros no las tenían y se iniciaba el cambio, cartita por cartita, dos por una o en ocasiones hasta 3 por una, de las mas trabajosas, de aquellas que no salían muy seguido.

El agente entregaba a los changarros una dotación de cartitas que estos regalaban durante un periodo corto, luego ponían a la venta el álbum y enseguida los sobrecitos conteniendo de 5 a 6 estampitas y de allí en adelante ni publicidad necesitaban, nos hacían adictos convirtiéndonos en viciosos de las cartitas. Cada encuentro con otro niño llevaba el consabido saludo: ¿traes cartitas?... te cambio.

Cada quien sacaba su arsenal consistente en un bonche de cartitas, que comenzaban a mostrar al de enfrente y allí empezaba aquella cantinela: ¿La tienes?  Ya, Ya, Ya, Ya, Ya, Ya,   ¡¡ NO!! ¡¡ESA NO!! ¡¡NO LA TENGO!! ¡¡Te la cambio!! Mira te doy a Napoleón Bonaparte, mira no seas gacho con esa lleno hoja, ¿tu cuantas hojas has llenado?; No, dame dos por esta o a veces tres por la ansiada cartita que nos hacía falta. Empezaba un estira y afloja digno de mejor transacción, pero que para los niños significaba la mejor operación  llevada a cabo y en donde se afirmaba la astucia para negociar de cada plebe.

Ahora a la distancia que nos marca el tiempo, debo reconocer que estos álbums, dejaron profunda huella en nuestra infancia, aun recuerdo con mucha nostalgia, aquellos encuentros con los compañeros. Y se hacia una enorme cadena de intercambios en un intento de acabalar aquellos álbumes que apenas salía uno cuando ya estaba el otro. Alrededor de los álbum se iniciaron nuevas amistades, intercambio social, desenvolvimiento de nuestro comportamiento, y sobre todo y lo más importante, nos dejaron conocimientos que ni los maestros y libros de texto lograron grabar en nuestra memoria. Yo no sé porque cada que me acuerdo de las “cartitas”, de inmediato viene a mi memoria la estampita de “Torres Bodet en Londres”,  “La Musaraña”, “Fernando de Magallanes” y algunas otras que formaron parte de aquellos álbumes que engordaban en forma desmedida, conforme les íbamos pegando las cartitas con “engrudo”, el pegamento más común y más barato; para los profanos “engrudo” es harina batida con agua que al formar una pasta y secarse, tomaba una consistencia capaz de pegar papel con papel.

Existieron álbumes de todo tipo: de Historia Universal, Historia Natural, Historia de México, De La Revolución, Descubrimiento de América, Luchadores y Boxeadores, De futbol, sobre todo de los Mundiales, etc.,  que  nos obligaron a memorizar las lecciones recibidas en la escuela y de  manera definitiva nos dejaron  conocimientos generales que  nos ayudaron a darle un mejor terminado a la necesidad urgente de formarnos una cultura y  un terreno fértil y arado donde  sembrar la semilla formativa de la preparación necesaria que nos dotara de las armas para la lucha diaria en  el  eterno enfrentamiento por sobrevivir. A memorizar puntos importantes de los conocimientos en general y algo de comercio, que se nos fue agudizando y  nos enseñamos  a negociar como base o cimiento de la aventura que significaba la vida en el futuro. Nos obligaba a ahorrar, todo centavo que nos caía,  a guardarlo,  para comprar sobrecitos, en lo que llamo “Conocimientos y formativa general en el aprendizaje de la vida de todo niño”.

 Como todo en la vida, todo pasa, todo cambia y con el paso del tiempo, necesariamente la constante por sobrevivir nos obliga a rediseñarnos y esta costumbre como muchas otras más, fue quedando en desuso y con ello fueron desapareciendo entretenimientos y pasatiempos de nuestra niñez que al margen de los conocimientos adquiridos en las aulas, también contribuyeron bastante en la adquisición de conocimientos con las temporales modas paralelas a la época escolar y los álbumes y las cartitas también formaron parte de nuestra educación que se extendía hasta nuestros hogares en donde también le dedicábamos tiempo a estas ocasionales ocupaciones.

Existieron muchas costumbres y sobre todo juegos que ya desaparecieron, ahora ya no es posible ver a un grupo de niñas sentadas en el piso, jugando a los "yecses" o no sé cómo se escribe pero que se jugaba con unas pequeñas figuritas metálicas y un bolichito o pelota de hule sólido muy saltarín que lanzaban al aire y recogiendo los yecses en cada rebote, separándolos hasta acabárselos. A veces unas piedrecitas sustituían a las mencionadas figuritas de metal, un juego muy parecido a “la matatena” versión masculina.  Ya no encontramos pintados en el piso con gis o en los patios de tierra con un palito la figura de la “bebeleche” que en otros países llaman “parchis” y aquellos grupos de niñas que revoloteaban como pajaritos saltando cuadro por cuadro y lanzando alguna pequeña prenda que recogían haciendo gala de agilidad y destreza.

Hoy todo ha cambiado, la niñez se sigue divirtiendo, la niñez, esa etapa de la vida tan inolvidable,  sigue su curso y si no existe algún juego o entretenimiento, lo inventan ya sea fijos en algún lugar o en juegos de conjunto que afortunadamente aun no desaparecen, el béisbol, futbol o la natación que permanecen en el gusto de los niños y que día con día capturan más adeptos, niños prófugos de la computadora y de los juegos electrónicos, fugitivos de esas máquinas diabólicas que nos han robado a nuestros hijos y nietos para convertirlos en seres dotados de un chip que les permite adquirir otra imagen de este mundo, facilitadores de una vida practica y productiva,  aun a costa de cambiarles la imagen por otra,  un poco más robusta.

Tiempos traen Tiempos y ya vendrán otros mejores para nuestros infantes y jóvenes; que pase lo que pase,  seguirán teniendo el espíritu purificado de un niño y siempre  podrán vivir plenamente recordando con cariño  a  sus padres y abuelos y de seguro  murmuraran suspirantes, con mucha nostalgia y sentimientos encontrados “Pobres viejos aburridos, pero como amaron sus tiempos”.

Gracias.

Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


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