Recopilación: Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Importante encrucijada del Hermosillo de ayer formaban las calles Comercio (hoy Sufragio Efectivo) Del Carmen (en nuestros días No Reelección); Tampico (actualmente Obregón  y Abasolo.

La intersección de estas calles dan lugar a la formación de cinco esquinas, una de ellas redonda, y cuya historia, en relación con la visita de Ángela Peralta en 1883, nos parece interesante exponer.

Vista desde la Calle Obregón, norte a sur, de la Esquina Redonda
Sobresale el Cerro de la Campana

Pondremos de realce la importancia de esta encrucijada, si hacemos notar su localización, intermedia entre la Catedral y la Capilla del Carmen;  su cercanía de las zonas comerciales y residenciales de aquella época: la calle de los Naranjos (hoy Serdán);  la calle Comercio y la Hidalgo.  Media cuadra al poniente sobre la calle Tampico y por la banqueta de enfrente, el Teatro González Ortega (hoy Hotel Colón) y, media cuadra mas allá, el Coliseo o Teatro Noriega (después Teatro Cine Noriega) en las calles Tampico y de las Sabanillas (hoy Obregón y Garmendia, respectivamente).

Hace más de 100 años se vendieron ahí, en “La Esquina Redonda”, los abonos para la temporada de ópera que hizo aquí la extraordinaria cantante Internacional Ángela Peralta. Se anunció en carteles impresos en los talleres tipográficos del Gobierno del Estado, de la siguiente manera: “Desde la publicación de este prospecto, queda abierto el abono en La Esquina Redonda, tienda del Sr. Juan D. Castro, calle del Carmen”.

Vista desde la No Reelección, oriente a poniente, de la Esquina Redonda
En la base se observa: Consultorio Dr. Rentería

El señor Castro era un comerciante adinerado e influyente, que figuró algunas veces en los cabildos anuales de la época y tenía su casa en el  rincón noroeste de la Plaza Zaragoza, donde hoy se levanta el Palacio Municipal.

La temporada de ópera de Ángela Peralta en Hermosillo constó de 12 funciones, espaciadas por los indispensables descansos, entre la segunda quincena de Junio y la primera de Julio de 1883, mediante abonos y bajo los auspicios de don Luis E. Torres, gobernador electo, que habría de tomar posesión en septiembre de ese mismo año.

Como se esperaba, la compañía fue acogida por el ilustrado público sonorense, no solo con benevolencia sino con entusiasmo. Esto se dijo, también, públicamente.

 El Sr. Rivas, agente de la compañía, tuvo el gusto y la satisfacción de participarle a la diva, previamente, a Chihuahua, que el Sr. D. Luis E Torres, había promovido en Hermosillo una subvención entre sus amigos.

La compañía, que oficialmente se llamaba “Compañía de Opera Italiana, Ángela Peralta”, hizo una rebaja muy notable en sus precios, respecto de los que había cobrado en Chihuahua, prefiriendo actuar en Sonora, uno de los Estados más remotos de la República Mexicana, por el cariño y buen gusto de sus compatriotas y no entre extraños. Después de su temporada en Chihuahua, la compañía había tenido el propósito de hacer  una temporada en la Cd. de San Francisco, California.

Dice nuestra gente, -y lo reitera en nuestros días un corrido de moda, sobre traficantes de droga- que “del destino y de la mafia, nunca nadie se ha escapado”; pero no siendo fatalistas, diremos nosotros que otro hubiera sido el final de la gran diva mexicana, Ángela Peralta, si hubiera enfilado para San Francisco, California, en lugar de venir a Hermosillo, Guaymas y Mazatlán, en el mes de Junio, cuando podía haber dejado para después venir a estas tierras. Además, ¿Quién de la compañía y de la empresa había estado antes en estas latitudes? ¿De haberlas conocido, hubieran decidido hacer toda una temporada de ópera aquí,  durante el verano?

Pero volvamos a lo relacionado con la estancia aquí de Ángela Peralta y su compañía y lo que se relaciona con “La Esquina Redonda”.

Vista desde la Sufragio efectivo, sur a norte, de la Esquina Redonda

En nuestros días de inflación galopante y costos estratosféricos, en que la entrada a cualquier espectáculo en que actúa gente reñida con el arte, cuesta cientos de miles de pesos, parecerán increíbles los precios de esta temporada de Ópera: “Plateas y palcos primeros con 8 asientos y noventa y seis entradas, $ 160.00. Patio con luneta y 12 entradas: $20.00. En resumen, $1.80 y $1.60 el costo individual por función, en el primero y segundo de los casos, respectivamente.

Fue de 12 funciones la temporada, entre el 24 de Junio y el 24 de Julio. En verdad, una larga estancia, de un conjunto artístico musical, de la mejor calidad que podía ofrecerse en todo México, en aquella época. Por algo dejó hondos y largos recuerdos, en Hermosillo y Guaymas.

Todavía en tertulias más o menos recientes del Güero Octavio Camou, que vivió en una de las cinco esquinas de Obregón y Abasolo; con don Manuel Serrano, cuya casa estaba a unas cuantas fincas más adelante, por la calle del Carmen, y Don Jesús Domínguez; tertulias que se efectuaban en el “changarro” “Las Tres Esquinas” de Chabelita Galaz, un tema más o menos frecuente era la visita de Ángela Peralta a Hermosillo, y su temporada de ópera en el cercano Teatro Noriega.

 Don José S. Healy alcanzo a historiar y comentar incidentes y accidentes de estas tertulias, en su famosa columna “Deshilando”.

Cuando el tema en las tertulias era la música, don Manuel Serrano volvía a su casa tarareando Arias y otros pasajes de ópera, o bien, acometía la melodía “Ojos Negros”, para complacer a sus amigos. Estos  le pedían “La Chichornia”, por aquello del nombre ruso y primeras palabras de la canción: “Ochichornia, ochiscraznia”. Consciente de su bella voz impostada, don Manuel Serrano hallaba en esto placer y satisfacción.

Terminaremos esta “historia” de la “Esquina Redonda”, consignando que en aquella época fue propiedad del ya citado Don Juan D. Castro; era “su tienda”, como dice el “prospecto” impreso.

Pasó, después, a ser propiedad de Don José Yepiz, que tuvo en ese mismo lugar un montepío y dos mesas de billar. Y, apuntan algunas personas que como buen gallero, tenía también ahí mismo algunas aves de fiero espolón.

Wilebaldo Ruvalcaba rentó, por algún tiempo, “La Esquina Redonda” instalando en ella su carpintería y ebanistería.

Después de esta época, la “Esquina Redonda”, que era de adobe, sufrió algún deterioro por desocupación y descuido.

Fue entonces, al comienzo de los años cincuentas, cuando el Dr. José Rentería compró la propiedad, reconstruyéndola con ladrillo y cemento y haciendo de ella su consultorio médico.

La Esquina Redonda: Consultorio del Dr. Rentería
Actualmente ocupada por la Sastrería Thomé

Nota del editor: Las imágenes no corresponden al documento original

G r a c i a s

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Hermosillo, Sonora, México.


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