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Más sobre el corrido de Cananea Hermosillo, Sonora
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| Recopilación: Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
LA CULTURA DE UN PUEBLO SE MIDE A TRAVÉS DE SU MÚSICA |
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Conocemos gran parte de la historia, de la literatura, de la música etc., pero desconocemos casi totalmente la cultura de nuestro México y más específicamente la cultura musical de nuestro estado, de nuestra región, ríquísima y con un tesoro eufónico extraordinario. Cuantas veces en nuestra niñez escuchamos divertidos o gozábamos al cantar…. “échale 5 al piano y que siga el vacilón”... y jamás nos imaginamos que la obra musical pertenecía a un Sonorense de Cumpas: Don Manuel S. Acuña; y así como este ejemplo, podríamos citar muchos más que permanecen en el arcón de los objetos olvidados. Todo esto viene a colación porque hace algunos años, en una grabación del año de 1928, la Columbia comercializó un disco (de aquellos duros que al caer se hacían añicos) con la reproducción del Corrido de la “Cárcel de Cananea” en las voces de Guty Cárdenas y Chalín Cámara, dándole crédito como autor a Yucho, pseudónimo que frecuentemente usaba Guty Cárdenas Piniello. En algunas ocasiones nos hemos encontrado con canciones, foxs, one step y sobre todo valses en los que aparecen autores de tales obras, gente totalmente ajena a su autoría y podemos citar cientos de casos como son: nuestro sagrado himno “Sonora Querida” del exgobernador del Estado Lic. Don Adolfo de la Huerta Oriol y Ernesto González Jiménez, registrada en Cuba por Raul Castell y los Hermanos Márquez en 1952; “Cuatro Milpas” de Aristeo Silvas Antúnez de Sahuaripa, registrada en Cuba por Belisario de Jesús García en 1927; Vals “Desengaño”, “Mavi”, “Rosalía”, “Flor de Mexicali” partituras originales de nuestro Jesús “Chito” P. Peralta del mero Villa de Seris; y muchos pero muchos más despojos que se dieron en aquellos años en que los músicos de nuestros pueblo no conocían, ni sabían, que sus obras había que registrarlas en la Sociedad de Compositores Mexicanos, para que se les respetara su autoría. Así también sucedió con el Corrido “La Cárcel de Cananea” que en algunas publicaciones de la época aparecía registrada por Carlos Gardel “El Zorzal Criollo” (1922) y la verdadera autoría corresponde a nuestro coterráneo Guillermo Romero Sortillón y que por razones legales terminó cambiándose el nombre por el de: Francisco “El Cucharón” Romero con raíces profundas en Batuc, Sonora.
La Cárcel de Cananea Pues resulta que Guillermo Romero Sortillón nació en Bisbee, Arizona, en donde estudió música, aprendiendo a interpretar en piano, guitarra, viola, violín, saxofón o trompeta cualquier tipo de música, pero, nunca falta un pero, le ofrecieron el puesto de sheriff en el condado y en Tombstone, lo que aceptó gustoso, ya que su carácter rasposo, alegre, peleonero y muy aficionado al trago, se adaptaba a la vida de un representante de la ley de aquellos años, con el resultado de que andando bastante “pistiado”, se le atravesaron tres chinitos con los que tuvo una disputa, que terminó cuando los mató en caliente. Guillermo brincó la frontera hacia Agua Prieta, pensando que allí no lo conocían y con la intención de esconderse, pero no contaba con la astucia de la policía gabacha que así como dice el corrido “al estilo americano, y como era hombre de delito, todos con pistola en mano” lo aprehendieron los sheriffes y se lo llevaron preso a una gruta en Fronteras (cueva en la que aseguran, estuvo preso el Indio Gerónimo). Poco después lo trasladaron a Cananea a la famosa Cárcel de Cananea en donde permaneció durante una temporada y por artes de “birlibirloque” Guillermo se las arregló para salir libre emprendiendo camino hacia Batuc, lugar de nacimiento de sus ancestros, en donde rápidamente se cambió el nombre por el de FRANCISCO “EL CUCHARON” ROMERO, contrajo matrimonio y fundó una familia numerosa que le dio margen para fundar una orquesta, que con el tiempo se hizo famosa: Orquesta Hnos. Romero. Francisco “El Cucharón” Romero es el verdadero autor del corrido de “la Cárcel de Cananea”, “Blanca” y muchas más que asegura una de sus hijas, fueron quemadas cuando El Cucharón murió, porque así se acostumbraba entonces; a Don Rodolfo Rascón Valencia, investigador incansable le costó mucho tiempo y dinero dar con el paradero y origen de “El Cucharon” Romero, la familia no reconocía a Romero como familiar, tal vez temiendo represalias debido a sus antecedentes; también ha sucedido con muchos compositores que ha ido rescatando de la polvorienta memoria y documentos que permanecen en el olvido esperando que algún día se les brinde el reconocimiento a sus obras, que mucho nos enorgullecen a los amantes de la buena música auténticamente sonorense. Gracias.
Fronteras y 5 de febrero 139, |