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Las Tertulias del Corral Hermosillo, Sonora, México |
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| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
Hoy, hace apenas unos cuantos días, se cumplieron 8760 horas, 365 días, doce meses, un año más, lapso de tiempo en que, afortunadamente, el destino dispuso, situarnos frente a la oportunidad de realizar un quimérico sueño, elucubrado por un soñador irredento, un idealista que nos arrastró en una aventura amistosa, peregrina y muy ambiciosa, hasta poder ver en vivo y a todo color, todo lo que su mente, día con día, le machacaba en el monitor de su cabeza con una clara visión o visiones nocturnas, diurnas y taciturnas: “Las tertulias”. Se ha cumplido un año más, en que una vez a la semana nos hemos visto inundados por la dicha, el placer y la satisfacción de poder encontrarnos algunos de los que deambulamos pletóricos de recuerdos, añoranzas, sueños, sed de amistad y de poder compartir los fugaces e iluminados momentos en que a través de una bella canción, un poema, una efemérides o una simple vivencia, coincidimos en el vórtice impetuoso de nuestra frágil y pasajera estancia en este diario acontecer que se va diseminando, lentamente como las perlas de un collar roto. La realidad es que cada uno de nosotros formamos parte de ese collar roto y que la vida nos había esparcido en diferentes rumbos, hoy hemos encontrado el hilo y poquito a poco, nos hemos aglutinado alrededor de la fogata bienhechora y cálida de una amistad sencilla, limpia y serena que no conlleva ningún tipo de interés que no sea el de poder llevar a cabo una feliz comunión: recibiendo, otorgando, admitiendo, cumpliendo, compartiendo todo lo que solo significa la identificación de personas que sin mayores complicaciones, disfrutamos de tan solo unos minutos a la semana , minutos que se han convertido en el remanso y poza de la tranquilidad de la que tenemos el derecho inalienable y personal de beber, nutriéndonos con el sabor y la nostalgia de las experiencias y cosas hermosas que nos brinda la vida. Qué bueno que podemos y tenemos este recurso, nosotros los que ya lo hemos probado, no nos debemos perdonar si no hacemos partícipes a tantos y tantos fugitivos del “país de los recuerdos” de la poderosa nación de “por siempre”, en que cada que leemos o hablamos, nos fluye la inefable dicha del goce que nos significa vivir, vivir a plenitud, conociendo el valor de los logros propios y ajenos y que de alguna manera, es característica de esta familia plenamente identificada, que se atreve a repartir, participar y compartir de las cosas buenas de la vida, de esa vida, que aun cuando no en todos los casos es la ideal, sabemos llevarla dignamente y con un decoro sencillo y natural. En lo personal creo firmemente que a través de los años que tengo de vida, el gran Dios ha sido muy benigno con mi persona, desde niño y a través de mi juventud, tuve el gusto de poder departir y convivir con gente muy positiva, gente que ahora a la distancia adquiere un valor inestimable y difícilmente repetible, gente con la que mis aficiones y gustos me identificaron, gente a la que jamás olvido y así pasen muchos años, su recuerdo siempre estará presente. Soy un agradecido con el eterno, de tener los amigos y amigas con los que juntos he recorrido media vida, sobre todo que en la lotería que significa el destino me haya tocado un buen reparto, y creo que obtuve el premio mayor con una gran familia: esposa de tiempo completo, hijos ejemplares con excelentes parejas, nietos, y toda la cosa, que créanme si la hubiese escogido por catálogo, de seguro, no me la habrían podido surtir. En esta penúltima etapa de mi vida, todavía la veleidosa fortuna no me ha dado la espalda, sigo siendo un elegido, en “las tertulias” me he reencontrado con amigos de siempre, he tenido la oportunidad de conocer a una variedad selecta de personas que sin más, ni más, me han demostrado su amistad y el enorme corazón que poseen, todos los días, afortunadamente Dios me da la vida que me permite manifestarle mi agradecimiento por tan invaluables logros, sobre todo el que nos de la salud necesaria para continuar alimentando esta frondosa planta de la amistad que nos ofrece las bellísimas flores de seres tan especiales y a los que Dios guarde: ustedes. Por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, alcanzaría el perdón divino si por alguna razón se me pasara manifestar el agradecimiento general para la gran “Familia Morales”, a todos y cada uno de ellos, desde los propietarios hasta el señor velador, pasando por los muchachos que nos hacen el favor de atendernos, nuestro reconocimiento por su generoso gesto en que haciendo caso omiso del fin y meta de un negocio, nos han otorgado el fino y desprendido rasgo de confianza y afecto, dándonos hospedaje en su cuartel general de “El Corral de los Morales”. Amigos, deseo manifestarles todo lo que ustedes significan, lo importantes que son y el agradecimiento por su inestimable amistad, gracias por darnos el gusto de seguir compartiendo todo esto que nos ha logrado unir y que la fuerza de esa unión, permanezca por todo el tiempo que “el gran jefe” nos permita regalarnos día a día con el muy rico y suculento platillo de su inapreciable amistad. Sabemos plenamente y sin lugar a dudas, de que todo lo que empieza, tarde que temprano y en algún momento se termina, ojala que todos los que aquí nos reunimos y que lunes a lunes esperamos con ansias este remanso de amistad, continuemos fieles a la cita, por mucho , pero por mucho tiempo más y que se nos dé la oportunidad de poder sembrar la semillita para que aun cuando en el futuro algunos no estemos presentes, “las tertulias” se prolonguen y con el paso del tiempo, por decreto sean declaradas oficiales y obligatorias.
Amigos, salud y gracias... Fronteras y 5 de febrero 139, |