Recopilación: Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Nació en Suaqui de Batuc en el año de 1905 y murió 30 años después en aquel mismo lugar. Fue hijo natural de Don Albino Valenzuela y Doña Cayetana Vázquez, por lo cual tuvo medios hermanos, siendo por parte de su padre los siguientes: María Jesús, Ángela, Ramona y Ernesto Valenzuela Yáñez del primer matrimonio de Don Albino, y Rosario, Lugarda, Manuela y Lupita Valenzuela Dórame, de su segundo matrimonio.

Por parte de su madre, sus medios hermanos fueron: Mercedes, Melesio y Teresa Valdenegro Vázquez. Concuerdan nuestros informes en que era este el mejor músico del Distrito de Ures, poseedor de muy buena embocadura y digitación y especialista en articulaciones y variaciones, que solo era igualado por el nunca bien ponderado “Güero Flauta”, de San Pedro de la Cueva.

Tocaba todos los instrumentos conocidos en el rumbo; fue integrante de la orquesta donde tocaban Miguelito Botello, Ignacio Armenta, Mateo Yáñez, Juanito Armenta, Refugio Ramos y el batuquense Carmen F. Silva, que en muchas ocasiones reforzaba la agrupación.

Otra orquesta famosa de la que Gildardo fue componente, durante largas temporadas es la de Don Pancho Aros, que integraban además de Don Pancho, que era el Director y ejecutaba el soprano, el propio Gildardo Vázquez, tocando el trombón de embolo; don Adrian Othon, ejecutando el contrabajo; Jesús Varela, el cornetín; Francisco Ruiz, el saxofón; “El Tamborillo”, con la batería y José María Villaescusa, a la ejecución del violín.

Gildardo era un muchacho sano, bromista, alegre y bien intencionado; muy popular entre la muchachada. Era feliz y su música alegre y fina era un reflejo fiel de la nobleza de su espíritu. Fue casado con Lupita Reyes, quien le dio una hijita que falleció al año y meses de nacida; tiempo después falleció  también su esposa, y fue entonces cuando compuso su sentido vals Lupe, que tanta divulgación tuvo en toda aquella comarca.

Pasado un tiempo y ya sobrepuesto a su pena y siendo pretendiente de María Acuña, a quien apodaban “La Querida” (aun vive en el Cerro de la Campana, en Hermosillo), le compuso el famoso fox trot El baile del Diablo. En 1927 compuso la polka La rotula fracturada, y El Callo, que también es una simpática corridita.

De las muchas piezas que Gildardo Vázquez compuso, hemos tenido la suerte de rescatar: el fox trot El membrillo; el tango Es para ti, que le compuso a María Jesús “La Blanquita” Munguía; la polka El lirión, compuesta para su amigo y compañero Teodorito Mendoza, de Matape; el fox trot Blanca, inspirada también en su  adorada “Blanquita” Munguia; y el fox trot Mi Conchita, hecha para Conchita Navarro, de Matapé, a petición del pintoresco Francisco “Pancho” Othon.

Algunas gentes del rumbo le adjudican también la canción la tumba del suicida, dado que era la pieza de su predilección y además bien sabida era su obsesión por arrancarse la vida después que muchas veces fue rechazado por Blanquita, obligada por sus familiares. Esta versión tiene sentido,  dada la similitud en la estructura de dicha canción con el fox trot Blanca, y que por cierto tiene muy bonita letra.

La trágica muerte de Gildardo Vázquez ocurrió el 16 de noviembre de 1935, cuando andando en completo estado de ebriedad buscaba a Blanquita para matarla, según lo hacía saber al preguntar por ella.

De camino al juqui de los Chomina, donde suponía podía estar tejiendo con sus amigas, descubrió a su compadre Félix Tarazón, el matancero del pueblo, parado en la puerta de su casa.

Lo saludó con cariño y sacando de entre sus ropas una pistola 38 que le había “robado” a su amigo Refugio Ramos (ya que su madre escondía todas sus armas cuando estaba borracho) le grito “¡Ahí le va, compadre ¡”, y de broma,  le hizo dos disparos arriba de la cabeza, incrustándose las balas en el contramarco de la puerta (Gildardo era el mejor tirador de Suaqui y sus alrededores).

Desgraciadamente, doña Maura, esposa de Tarazón, al tiempo de los disparos dio un fuerte empellón a su esposo haciéndolo caer hacia adentro para luego cerrar la puerta y con el susto, junto con su hija, soltar el llanto. Gildardo que apreciaba sobremanera a su compadre, al verlo caer y oír el llanto de las mujeres, creyó que lo había matado y empezó a llorar desconsoladamente, entre maldiciones, mientras su madre llegaba hasta el tratando de desarmarlo.

Bañado en llanto, abrazo fuertemente a la viejita y dándole un beso en la frente, se dio un balazo en la sien derecha, muriendo instantáneamente. Doña Blanquita Munguía de Ruiz, a sus casi 80 años de edad, aun declama y canta algunas rimas y canciones que con tanto amor le dedico su romántico y desafortunado admirador.

G r a c i a s

Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


Ir al inicio del documento