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Escuela "Leona Vicario" Hermosillo, Sonora, México |
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| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
Cuando mi mamá recordaba sus primeros días de escuela, su cara se transformaba y se iluminaba al evocar, aquellos, sus inolvidables días de parvulitos y primeros años de escuela, sobre todo el orgullo de que aprendió a leer y a escribir en la escuela “Leona Vicario”, de las de más prestigio en la época de la segunda decena del siglo veinte. Fue durante el mandato del último gobernante porfirista General Luis Emeterio Torres que se fundó en Hermosillo, el Colegio de Niñas como se conocía inicialmente a la Leona Vicario que se constituyó en uno de los establecimientos educativos más importantes de su género. Originalmente fue creada para albergar exclusivamente a niñas, con un plan de estudios de enseñanza primarias: elemental y superior con cursos infantiles para párvulos y dos años de normal para maestras. El primer nivel correspondía a la educación obligatoria con una duración de cuatro años y el segundo nivel se desarrollaba en dos años (quinto y sexto) con una doble función: preparar para los oficios o para continuar con estudios mayores de secundaria o normal. El Gobierno del Estado proporcionó un trato preferencial y le otorgó un patrocinio especial a esta escuela que obtuvo suministros de bienes escolares (edificio, mobiliario, útiles y libros de texto) así como un plantel con los mejores maestros, los más competentes con que se contaba en esos años. El edificio de la Escuela Leona Vicario se mandó construir en el año de 1909, por órdenes del Supremo Gobierno del Estado que presidía, interinamente, Don Alberto Cubillas Loustaunau, y se terminó a principios de 1910, precisamente para el año en que se cumplía el Primer Centenario de la Independencia. El proyecto y la obra se confiaron al prestigiado Ingeniero y también ameritado educador Alamense Don Felipe Salido, con un costo de $ 57,121.05, más los $12,500.00 que costó el terreno donde se erigió el hermoso “Templo de la Enseñanza”. Sobre los terrenos en que se localizó un cementerio de la ciudad de Hermosillo y que después se convirtió en un muladar que todo mundo usaba para deshacerse de su basura y tomado como mingitorio público, en ese lugar se edificó lo que todavía podemos admirar como un edificio de principios de siglo que sigue cumpliendo con su encomienda de llevar la enseñanza a la niñez de esta ciudad de ambos sexos. Sorprende el futurismo con que se planeó esta edificación educativa, que ante la necesidad de proporcionar un lugar de recreo a sus educandos, mandó construir un túnel que atraviesa la calle Yánez otorgando seguridad a los niños que no se ven expuestos al tráfico citadino y tienen acceso a las instalaciones de un amplio jardín dotado de juegos, aun cuando en la actualidad ya no existen, pero allí los niños tenían: resbaladeros, sube y bajas, columpios y la etc. de entretenimientos. Fue justamente la tarde del 5 de febrero de 1910, en el 53 aniversario de la Constitución de 1857, cuando se abrieron las puertas de este colegio para dar cabida a más de 400 niñas que acudieron en parvadas a recibir la luz de la ciencia y el arte y ávidas de “apagar la sed de sabiduría”. El acto inaugural estuvo presidido por un selecto grupo de personas públicas, representantes de los tres poderes, de las fuerzas castrenses y del magisterio. Algunos fueron oradores oficiales, cuyos discursos exaltaron la educación de la mujer, como el Prof. Heriberto Aja que auguró: “De este templo, donde se reúnen esos ángeles a escanciar la benéfica copa del adelanto humano, saldrá la mujer modelo pregonando el brillante porvenir de nuestra patria”. Otro orador, el erudito don Manuel Quevedo, encomió la apertura del nuevo edificio escolar y aseguró que de allí saldría “la mujer iluminada por la ciencia y ataviada por el arte”. Enseguida la Profa. Trinidad Bonilla pronuncio un vibrante discurso, “rico en patriotismo” y engalanado “con primorosas figuras poéticas” que llenó de santa conmoción todas las almas. Según las crónicas de la época, cada orador fue interrumpido varias veces, por estrepitosos aplausos que se redoblaron al término de su intervención. También se aderezó con piezas musicales, representaciones teatrales, bailes, coros y recitaciones infantiles, destacando la niña Ernestina Caro que declamó, con exquisito sentimiento, una inspirada composición poética, arrancando al auditorio nutridos aplausos. Luego coronó el evento el Gobernador en turno, Don Alberto Cubillas, que con significativas y sencillas frases de aliento para el progreso intelectual de la mujer, declaró solemnemente inaugurada la Ecuela. Por último, el Gral. Luis Emeterio Torres abordó la tribuna inesperadamente e improvisó un discurso sobre la importancia de la educación de la mujer y del lugar distinguido que debía ocupar la sociedad, aseverando incluso “que en Sonora, las mujeres son más inteligentes que los hombres”. Antes de concluir el discurso, se dirigió a las profesoras y alumnas del Colegio “Leona Vicario”, “Aquí tenéis este edificio que el gobierno os ha mandado construir, es vuestro; en este palacio no habrá mas reinas que vosotras; el será el templo a donde acudiréis presurosas a nutrir de luz vuestros cerebros, de virtud vuestros corazones, para asegurar así vuestro porvenir y la felicidad de vuestros hogares”, luego encendió una soberbia diadema de luces que coronaba el nuevo templo del saber, donde oficiaran “sus abnegados apóstoles”, consagrando su juventud, su inteligencia, su vida entera a embellecer los tiernos espíritus de nuestras hijas, iluminándolas con la luz imperecedera del saber.
Escuela Leona Vicario La primera Directora titular de la Escuela “Leona Vicario”, fue la Profesora Trinidad Bonilla, quien estuvo al frente de la Institución hasta el año de 1911. Trinidad Bonilla fue una joven fuereña que cursó la carrera de Profesora en su tierra natal, Puebla, y luego de terminar sus estudios vino a Sonora a dirigir el Colegio de Niñas de Hermosillo, devengando un sueldo de $150.00 mensuales, pagados por el Gobierno del Estado. El 16 de Octubre de 1912 tomó posesión como nueva Directora la Profesora Concepción Núñez, quien fue nombrada para ocupar el puesto con un sueldo de $200.00 mensuales también pagados por el Gobierno del Estado. Aparte de estos puestos directivos el Colegio “Leona Vicario” contaba con 15 profesoras de grupo, tres de “Labores Femeniles”, una de “Canto Coral”, otra de “Canto y Solfeo” y una de “Inglés”. Completaba la planta de empleados el Profesor Rafael Romandía encargado entonces del primer año de Normal para Profesoras, además de un jardinero y una Celadora. Justo es mencionar a las primeras profesoras que sembraron la semilla del saber en las primeas niñas que pasaron por esta institución: Josefa B. Núñez, Antonia “Toñita” Escudero, Ángela Ibarra, Luz Carranza, Ángela Carmelo, Matilde Buelna, Genoveva Rochin, Ysabel Mange, Josefina Arriola, Carlota Maytorena, Leocadia Padilla e Ignacia “Nachita” Echeverría, entre otras preceptoras. La mayoría de ellas se formaron en las Escuelas Primarias Superiores del Estado y recibieron su nombramiento entre 1906 y 1912 y sus sueldos ascendían a $75.00 mensuales. Se requería poseer Titulo de Normalistas de cualquier otra profesión y se ocupaban 15 días de observancia de los trabajos de cada maestra solicitante al término de los cuales se le daba el nombramiento definitivo. Reglas muy estrictas coronaban la elección para ocupar una plaza como Educadora en el plantel de la Escuela “Leona Vicario”. Como apoyo intelectual y más que nada para facilitar el desarrollo de la enseñanza, las maestras y las alumnas se auxiliaban con libros de texto que les eran proporcionados por el Gobierno totalmente en forma gratuita, todo por conducto de un “Inspector Escolar”, libros entre los que se puede citar a: Frescuelo, Lector Infantil Mexicano, Rafaelita, Aritmética Femenil, Memorias de una Niña, La Mujer en el Hogar, La Patria Mexicana, Historia Patria, Guía de la Costura, Teneduría de Libros y Moderno Tratado de Labores, entre otros muchos textos escolares, eso sin contar los Mapas, Instrumentos Geométricos, Material de Laboratorio, Papel, Murales y otros elementos didácticos. Las reglas a las que se tenían que aplicar las alumnas siempre fueron muy estrictas, se obligaban a observar muy buenos modales, pulcritud y aseo en su persona y su ropa, cuidados esmerados con sus libros y demás enseres escolares, así como aplicación al estudio, puntualidad en la asistencia a clases todos los días, excepto los domingos, tanto en la mañana como por la tarde. Desafortunadamente en esos años el movimiento revolucionario se intensifico creando un ambiente poco o nada propicio para el fomento de la educación, inmerso en un ambiente de revueltas que hizo que el Gobierno concentrara su atención y el dinero disponible en la defensa del régimen, abandonando transitoriamente sus obligaciones educativas, incluso mandando clausurar escuelas por “el estado anormal” en que se hallaba el estado, por lo que en el año de 1913 el Colegio estuvo casi abandonado, empezó a escasear el material didáctico, bajaron los haberes y varias preceptoras fueron cesadas en sus funciones, bajo el argumento inflexible de llevar a cabo “economías” en el gasto del Estado, no obstante el Colegio siguió funcionando como hasta la actualidad. LEONA VICARIO El nombre que ostenta este Colegio, originalmente solo para niñas, orgullosamente es un homenaje a la Heroína “Leona Vicario”, que cuando fue llevada a la pila bautismal se registró con el nombre de María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador, nacida un día 10 de Abril de 1789 en la capital e hija de Gaspar Martin Vicario y Camila Fernández de San Salvador. Contrario a las ideas de la época construyó una casa enseguida de la suya dándole a Leona independencia y privacidad. Leona Vicario se aficionó a las Lecturas Políticas, a la Filosofía y a las Ciencias, acercándose al Despacho Legal de su tío en donde conoció al joven Octaviano Obregón con el que simpatizó y se concretó un compromiso matrimonial que jamás se llevó a cabo, Obregón se traslado a España y se olvidó del asunto. Posteriormente, cuando Leona llegaba a sus primeros veinte años, (1809), ingresó al despacho Andrés Quintana Roo, con el que compartía, lecturas e intereses vitales, sobre todo la antipatía al régimen Español. Concretaron un noviazgo que su tío no vio con buenos ojos arguyendo el fracaso con el joven Obregón, por lo que no fue posible llevar a cabo un matrimonio. Andrés Quintana Roo, se unió a las fuerzas insurgentes que en Oaxaca comandaba José María Morelos y Pavón, recibiendo siempre la ayuda de la joven que puso su fortuna al servicio de las fuerzas insurgentes, mandando fabricar fusiles y cañones a Tlalpujahua. Los Españoles descubrieron las actividades de la joven y se ordenó fuera apresada y recluida en el Colegio de Belem que funcionaba como cárcel, hasta que dos Coroneles Insurgentes a punta de bayoneta la liberaron enviándola a Oaxaca en donde se reunió con Quintana Roo con el que contrajo matrimonio. Del matrimonio nació su primera hija Genoveva en 1817 y cuatro años después en Toluca nació su segunda hija María Dolores. La azarosa vida de Leona Vicario estuvo ligada profundamente al movimiento insurgente que encabezan las fuerzas luchadoras por la independencia de México, que al triunfo del ejército Trigarante al mando de Don Agustín de Iturbide, nombró a Don Andrés Quintana Roo como Subsecretario de Estado y de Relaciones Exteriores. También participó activamente en la famosa y recordada “Guerra de los Pasteles” contra Francia y sus méritos le fueron restituidos por el Gobierno al grado de que le fue devuelta toda la fortuna que puso en favor de la lucha independentista. Esta ejemplar vida se vio truncada el 21 de Agosto de 1842 y su nombre quedo grabado en la mente de todos los Mexicanos que le rinden pleitesía otorgando su nombre a todo lo que signifique un homenaje a la Mujer Mexicana, bustos, estatuas, placas, escuelas, albergues, calles etc. y cuando menos, en este nuestro Hermosillo, todavía existe una Escuela que esta próxima a cumplir su primer centenario, en pleno centro de la Ciudad y con un prestigio que ha sabido sostener con base a las grandes Maestras que por ella han desfilado, sembrando la semilla del saber por muchos años a generaciones de niñas y ahora también a niños. “Salve insigne mujer Sra. Leona Vicario, ejemplo eterno” Fronteras y 5 de febrero 139, |