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Ser un buen ciudadano es difícil
CREDENCIAL DE ELECTOR |
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| Fernando Andrade Domínguez | Septiembre de 2007 |
Considerando todos los mensajes que nos saturan a diario y, sobre todo, los que nos hacen recordar que tenemos compromisos ineludibles con nuestras autoridades, el día de hoy, me levanté más temprano que de costumbre con el firme propósito de sumarme a la cauda de ciudadanos que deseamos un México mejor y, en punto de las 9.00 de la mañana, me dirigí al modulo del IFE instalado en la calle Coahuila entre la Revolución y la H. Aja, allá por mi rumbo. La vieja casona de la familia de los Perla, mal acondicionada como oficina de servicio público ya para esas horas lucía un lleno digno de estreno, una larga fila serpenteaba en un corredor de tamaño más o menos grande, bordeado por unas bancas que pocos ocupaban. La fila avanzaba lentamente, una sola persona, una sola, se encargaba detrás de un viejo escritorio, de recibir las diferentes peticiones de cambio, renovación y correcciones en general que cada uno de los que formábamos la fila solicitábamos. Todo bien hasta que la temperatura comenzó a hacer estragos y los 40º C. nos hacían soltar el primer hervor, los ánimos hicieron ebullición, la paciencia se agotaba y la gente se agitaba y a cada minuto se convertía en multitud desesperada, cansada, sudorosa, sedienta esperando el mínimo detalle para protestar. El momento se presentó, algunas personas llegan tarde y abordan a “la servidora publica” que olvidándose de las filas rendidas a sus pies y haciendo caso omiso de la preferencia que merece la gente que ya tiene más de dos horas esperando, atiende a las consultas que se le hacen y de inmediato la protesta no se hace esperar con los enfrentamientos verbales, incómodos, inútiles y fuera de lugar, obligando a que la “servidora pública” molesta y con un coraje manifiesto, se retira al interior. Pasan los minutos y finalmente acude otra empleada que debería estar a nuestro servicio y se hace cargo de la situación. Al fin después de dos horas y fracción, (127) minutos, llego a la meta y me solicitan mi credencial con las marcas de las votaciones de 94, 97,00 y 03 que ya no me va a servir y que debo renovar, la entrego y se me proporciona una media carta numerada y en la que debo consignar los datos que contiene mi credencial. Ni siquiera un ventiladorcito que esparza un poquito de aire, nada, un escritorio sin sillas en el que se debe llenar el formatito proporcionado, que “Juan Pueblo”, a duras penas logra entender, sin nadie que malamente oriente a los ancianos que son los más cumplidos, ya que en gran mayoría hacían acto de presencia, haciendo malabares, inclinado en una posición incómoda y cansada que hacen que cada día se pierda la credibilidad en nuestras autoridades. Se llena la forma y otra vez a esperar pacientemente a que salga una persona y con voz monótona dicte: 34, 35, 36, 37 y 38, por favor pasen, se abren las puertas y el paso a la gloria, aire acondicionado y una hilera de empleados que nos hacen tomar asiento nos toman las huellas y la fotografía respectiva para la emisión de la nueva credencial de elector, operación de 15 a 20 minutos que ya con buen clima no se sienten pesados. Fin, finito final, en punto de las 11.45 se nos entrega un comprobante para que dentro de 25 a 30 días regrese a recoger la credencial tan valiosa para la ciudadanía, no por el hecho de que el no poseerla nos prive de votar en las próximas elecciones, NO, sino por el hecho de que nuestras autoridades lo han convertido en un documento tan indispensable que casi todo tipo de tramite requiere de la posesión de la CREDENCIAL DE ELECTOR, hasta para cambiar un cheque, y así pues que vamos a hacer, solo nos queda cumplir con nuestras leyes y ser o tratar de ser un buen ciudadano no importa que para esto tengamos que sufrir la pena negra. Señores del IFE,sacrifíquenle un poquito al presupuesto y por favor coloquen unas sillitas y unos ventiladores en el local de la Coahuila; los demás no los conozco, cuando menos manden hacer unos abanicos de cartón con la foto de Pedro Infante o de Destilando Amor que les serviría hasta de publicidad, serian autofinanciables. Ah y no se les olvide que aunque sus empleadas también sufren el calor, a ellas les pagamos nosotros el pueblo. Gracias. Fernando Andrade Domínguez
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