Como cambian los tiempos.


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Posiblemente, hasta más o menos a la altura de los años 70s. (setentas), cuando menos aquí en la ciudad. de Hermosillo, los centros de trabajo se constituían por empleados que no solo se ponían la camiseta, realmente, se la tatuaban sobre la piel.

La rotación del personal constituía un porcentaje mínimo en la mayoría de los negocios comerciales, industriales, ganaderos y agrícolas, patrones y empleados llevaban a cabo una alianza jamás firmada o pactada, simplemente se convertían en cómplices en la consecución del éxito de la empresa que les daba para comer.

Existían, plenamente identificados, diferentes sectores obreros unidos en un maridaje, una identificación, una clara y firme correspondencia que se prolongaba por casi toda la vida productiva de los trabajadores.

Las empresas pertenecían a núcleos familiares, gentes plenamente identificadas en el medio que por lo general formaban verdaderos equipos de trabajo, ganándose la estimación y fidelidad de las personas a su servicio.

Cuando nos referimos a algún personaje en recuerdo de su capacidad de trabajo o sus cualidades como ciudadano, es muy usual el identificarlo por sus raíces y nexos con las empresas de la primera mitad del siglo pasado y así se escucha decir: “trabajaba en la cervecería”, “por mucho tiempo despachó en la Cosalteca”, “laboraba con los Mazón”, “estuvo encargado de la sodería La Imperial”, “trabajó con los Tapia”.

Sonora Motors, S.A.
Colección Foto Robert, Elías Calles #69 Pte.

Por las inmensas necesidades existentes en los hogares hermosillenses los jóvenes desde muy temprana edad se veían precisados a buscarse un empleo y cosa curiosa, se contrataban, muchas veces entrando como aprendices y al paso del tiempo permanecían hasta alcanzar puestos de mayor responsabilidad, durante largos periodos de tiempo en que poco a poco se convertían en parte de la familia del propietario.

Fábrica de Sodas La Imperial

Trabajadores en la fábrica de "Sodas la Imperial".

Es muy común que cuando recordamos a algún personaje que debido a su comportamiento se gano la simpatía y el respeto del pueblo hermosillense, inmediatamente lo identificamos por el trabajo en que se desempeño en donde las viejas familias propietarias del centro de trabajo también le guardan un recuerdo de gratitud y respeto. No hace mucho tiempo con motivo del fallecimiento de un viejo hermosillense, coincidimos algunos de los que en vida fuimos sus empleados y dentro del momento de luto, una gran dicha nos invadió dando marcha atrás al reloj para remontarnos a los hermosos tiempos que juntos compartimos.

Los tiempos han cambiado en la actualidad es muy usual el hecho de que un empleado acumula hasta dos y tres hojas para describir su currículo, que antes ni se usaba, cuando se requerían referencias solo se decía “trabaje muchos años con los Gutiérrez”, “estuve con los Fernández” esto en casos extremos, porque todo mundo se conocía y salía de más el tener que hacer un relato de antecedentes de trabajo.

La gran familia trabajadora se fundía con los dueños, sentía la empresa como de su propiedad y aprendía a quererla tan profundamente que difícilmente dejaba o cambiaba su trabajo, la escala de rotación del personal se reducía prácticamente a cero y los lazos familiares alcanzaban su máximo esplendor que se reflejaba en las celebraciones o festejos de las empresas.

Fernando Andrade Domínguez
Fronteras y 5 de febrero 139,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


Ir al inicio del documento