Cavilaciones sobre el tema:
Micro historia de la Cd. de Hermosillo, Sonora.


Fernando Andrade Domínguez El Pitic

No existe un día de nuestras vidas en que no aprendamos algo nuevo, si se diera el caso, no es mas que un descuido o distracción, pero siempre existe algo nuevo bajo el sol; ningún día se parece al otro y aun cuando se van sucediendo como en las caravanas, uno tras otro, ninguno tiene semejanzas entre si.

Después que uno vive toda una vida, por lo general se piensa que todo lo ha visto ya, que se va perdiendo el poder de asombro, que ya no se puede aprender nada nuevo y esto, señores, es una vergonzosa mentira, todo ser humano día con día, hora tras hora, intercambia conocimientos y surgen nuevas cosas, inclusive, emergen detalles que nos habían pasado desapercibidos y que otras mentes se encargan de refrescárnoslo en nuestras memorias.

Apenas ayer, platicando con un muy conocido profesor, ya retirado, recordaba con emoción su pasada juventud y me decía: “yo vivía por la calle Yánez, antes conocida como “Del Piojo”, precisamente en el número 14 norte, entre Sonora y Sinaloa hoy- Niños Héroes-, hazme el favor... 14 norte, imagínate entonces en donde se localizaba la división del norte y del sur”, así de pequeña fue nuestra ciudad.

Con el paso del tiempo y en un lapso, relativamente corto, Hermosillo, ha crecido en forma alarmante y por supuesto han crecido también sus problemas, su población, sus necesidades como capital del estado.

Sus problemas de abastecimiento de agua, tarde que temprano y de alguna manera se va a resolver; el crecimiento es todavía más fácil, todavía se tiene mucho terreno hacia donde extenderse, la seguridad es un mal mundial y que solo por eso no debe ser consuelo de los hermosillenses, pero que también se va a resolver.

Indudablemente que estamos viviendo una época muy bella, hemos tenido la suerte de compartir este hermosillo tan nuestro con gentes que todavía mantienen vivos en sus mentes, los recuerdos, familias, calles, barrios, cantinas, lugares de esparcimiento, personajes y todo eso que significa el sabroso olor de nuestras raíces, nuestras costumbres, nuestra forma de ver la vida, muy, pero muy a lo sonorense, muy a lo hermosillense.

Cuando tengo la suerte de toparme con alguno de los viejos personajes, porque por lo general son personas de edad que me platican de sus tiempos pasados, casi los secuestro para poder obtener de ellos todo aquello que no conocí, pero que de alguna manera me atrae. Me gusta saber: a veces de oídas, por viejas fotografías, amarillentos periódicos, antiguas revistas y en fin, a través de cualquier medio que informe acerca de la historia de este Hermosillo, al que de alguna manera estamos ligados por generaciones que también vivieron aquí. Tengo la suerte de haber nacido en este lugar y seguir viviendo en el mismo, se de algunos familiares y amigos que por necesidades o por así convenir a sus intereses, residen fuera de la ciudad capital y es manifiesto en ellos, la urgente necesidad de tener información acerca de estos lugares, inhóspitos, agrestes e incómodos pero que significan algo especial en nuestras vidas.

En ocasiones se me presenta la oportunidad de platicar con alguna persona que vivió en algún punto determinado, algún barrio de la ciudad y me entretengo en unir las partes del complejo rompecabezas. Algunos vivieron en los años 30s, 40s y difiere mucho su punto de vista o del recuerdo con los que vivieron en los 50s y 60s, un barrio un lugar cualquiera, de un año para otro cambia y su fisonomía, sus gentes, sus calles, sus casas, ya no son las mismas y es curioso como, cada uno defiende, el recuerdo, la huella que en ellos dejo el entorno.

Por supuesto que existieron lugares que tardaron años y años en cambiar y que aun conservan parte de su presencia de antaño, pero estos son muy contaditos y alcanzan los dedos de la mano para contarlos.

Es poca la literatura que nos legaron nuestros bisabuelos y abuelos, son contados los que se preocuparon por cultivar la narrativa o descripción del pueblo que los vio nacer y, a veces, se trata de gentes que no pertenecían ni siquiera a la región, pero que afortunadamente aquí se quedaron.

Por siempre he insistido en que es necesario plasmar en un papel, una foto, todo lo que nos rodea, nuestro entorno, lugares, familias, etc., por que esos recuerdos enterrados no nos sirven para nada, no debemos llevarnos los recuerdos y vivencias al mas allá, debemos de escribirlo o que nos lo escriban para que nuestros descendientes o los futuros pobladores tengan una referencia de la microhistoria de este lugar, entre relatos, recuerdos y crónicas se puede llenar un volumen que ilustre como vivíamos, como fuimos, como deseábamos ser, pero sobre todo que esto signifique un eslabón que forme parte de una cadena de información a futuro.

Leer de Don Fernando a. Galaz, Moisés “El Cuervito” Zamora, Enrique “El Chiludo” Contreras Sierra, Illian Karp, Ramón F. Zamora, Prof. Luís López Álvarez, Don Gilberto Escoboza, ex Pbro. Flavio Molina Molina, Juan Ramón Gutiérrez, José Rafael Aguirre y todos aquellos que de alguna manera se han preocupado por retratar esta época que nos ha tocado compartir, es recordar a gentes que deveras están dejando un legado de valor incalculable, la historia contada por los mismos pobladores, no por investigadores que en algunos casos terminan haciendo deducciones que pueden estar equívocas y que de ninguna manera sintieron o vivieron estos tiempos.

Afortunadamente, (bueno, así lo considero en lo personal) he tenido la oportunidad domingo a domingo platicar con personajes ligados estrechamente a tiempos pasados, tanto de hermosillo como de algunos lugares de nuestra geografía y la experiencia que esto me ha traído, es algo por lo que no tengo con que pagarla.

Todos estos personajes me han llevado de la mano a través del tiempo y de la memoria, para mostrarme una película en color sepia, clara, bella, con estampas nostálgicas y evocativas que me proporcionan el inmenso gusto de poder conocer la forma en que nuestros padres, abuelos ,tatarabuelos, encontraron la forma para sobrevivir a pesar de las incomodidades de la época, carentes de satisfactores como los que actualmente tenemos, como pudieron y supieron resolver todos los problemas inherentes para poder forjar la casta de ciudadanos sonorenses, que día a día, luchan por sobresalir y dar mejores condiciones de vida a sus descendientes, en este lugar en que nos ha tocado vivir y que el resto de los mexicanos no se explican como es posible que soportemos el calor extremo y sin agua.

El hermosillo de ayer, anteayer y antes de anteayer, sus calles de tierra, sin recubrimientos de ningún tipo, sus barrios con olor a tierra mojada y a azahares en flor, sus personajes, caricaturas de gentes con cualidades especiales, típicos de cada lugar, sus borrachitos, loquitos, changarritos, cantinas, salones de baile, pero s0bre todo sus moradores, todos aquellos que estuvieron antes que nosotros y que han dado forma al actual ciudadano.

Es muy curioso como algunos vecinos, ya con algunos almanaques encima pero con una memoria privilegiada, siempre con la palabra a flor de labio, en cualquier lugar en que tienen la oportunidad de tener trato con algún servidor publico, empleado de negocio, compañero de banca en el parque, compartiendo una taza de café, lo primero que preguntan es el nombre y apellidos y a partir de este antecedente comienzan a dar forma a un verdadero árbol genealógico sorprendente: “así que te apellidas Martínez? ¿De que Martínez eres? ¿De los de Villa de Seris? porque tienes la pinta y por allí vivieron unos Martínez que tenían un almacén de pasturas, el, se caso con “la chata” Robles, hermana del “caballón” Martínez”.... y de allí pal real, una completa información e investigación al respecto, hasta dar con la raíz del apellido interrogado.

--En esa esquina vivió la familia del Lic. Preciado, que fue ministro de la suprema corte de la nación en tiempos de Elías Calles, después regreso para poner aquí su despacho, allí enfrentito de la botica de Medardo “bolitas” Ramírez que enseguida tenia una sala de billares que administraba “el güero” Rodríguez, hijo de “el piedra”, un hombre mas duro que las quijadas de arriba, no le daba agua, ni al gallo de la pasión--

“Lo mataron y jamás se supo quien fue, lo encontraron en su catre en un charco de sangre, no le robaron nada y cuentan que había sido una venganza equivocada, si, se equivocaron de personaje y el pagó el pato, aunque te diré, aquí entre nos, era muy mujeriego y tomador, cuando se ponía a jugar baraja, se amanecía y si se emborrachaba era muy rejiego, muy bueno para los fregazos, sobre todo para las patadas, pocos le pegaron, bueno... así terminan estas gentes rebeldes”.

“Allí en esa panadería, trabajaban muchos amigos, que a diario acudían a la cantina del “Miguelón” a echarse unos tragos de piolón, hacían muy buen pan y fue de las primeras de aquí, después vinieron otros pero como el que hacia Don Filemón, difícil, el pan sabia diferente y por supuesto que fue la preferida, allí aprendieron muchos, muy buenos panaderos que después pusieron sus negocios”.

“Se respiraba un aire muy fresco y con olores a naranjos en flor, se daban cita: la crema y nata de la sociedad, se revolvían los polkos con la gente del pueblo, en plena y franca convivencia, las clases sociales, prácticamente, no tenían la importancia actual, el lugar invitaba a dar la vuelta, platicando y los jóvenes aprovechaban para “noviar”, intercambiar cartitas amorosas por medio de las “chaperonas” (personajes imprescindibles), las leyes , las buenas costumbres y la decencia así lo exigían”, “domingo a domingo acudíamos a la plaza Zaragoza, simplemente por saludar a los amigos, familiares y conocidos”.-

“El domingo a misa a las ocho de la mañana, costumbre rigorista de las buenas familias: asistir a misa todos los domingos o se congelaban los permisos para asistir al matinée, a patinar al parque o simplemente para salir a dar la vuelta.

El sábado a la doctrina y el domingo a misa, una costumbre de mucha tradición y que no admitía disculpa o pretexto”

“Si, si lo conocí, muy inteligente y trabajador, formo parte de una familia que hasta la fecha goza de la total estimación de los viejos residentes, a uno de sus hijos que se fue a los estados unidos a estudiar, lo enlisto el ejercito y lo mataron en la guerra, los demás emigraron, dejando solos a los viejos que aquí están enterrados, dejaron muy grata memoria en todos los que los trataron, muy buenas gentes”

Con esta frescura y con ese inigualable sabor tan regional de nuestra gente, se pueden escuchar los relatos y platicas de los “viejos”, de los dueños de este lugar y que no creo que exista alguna diferencia con otros pueblos, sobre todo con los de sonora en que las costumbres son muy similares y las familias están diseminadas y es fácil identificar apellidos y los lazos familiares que los unen.

Fernando Andrade Domínguez
Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
2-156460, 2-172804, (6621) 738122
andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


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