![]() |
Cambio de Guantes Factores determinantes en nuestra juventud |
| Página anterior | Libro de visitas | Ver libro de visitas | Descargas |
| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
Habíamos dejado nuestra infancia muy atrás y lógicamente, nuestras costumbres y diversiones ya no eran las mismas, ahora el béisbol ocupaba casi todo nuestro tiempo, el bat, la pelota y el guante significaban los inseparables implementos para gozar aquellas interminables jornadas de más de cuatro horas, corriendo al aire libre, descalzos, sin gorra, ensopando de sudor nuestras humildes ropas, invirtiendo todas nuestras energías en correr, tirar, atrapar y sobre todo batear que a todos nos gustaba mucho más que todo lo demás. Con una puntualidad de trabajador de maquila, todos los días acudíamos al baldío de la calle Puebla y Décima de nuestro barrio, un terreno desigual, parcialmente cubierto de yerbas y de abrojos, arena, piedras y algo de basura, pero que para la plebe del rumbo casi era una copia del Fernando M. Ortiz de la Casa del Pueblo, detalle que nos hacia esforzarnos más, emulando a los ídolos de esos tiempos; nos peleábamos gritando “yo soy Claudio Solano”, “yo soy El Loco Cheve” etc., y así, arrebatándonos los nombres de esos personajes, arrancábamos todos los días los ensayos que sin orden ni medida de tiempos, bajo la “dirección” de los organizadores, representantes, manejadores, dueños y entrenadores: Guillermo “El Memo” Moreno y Francisco “Chicho” Velazco, mentores del equipo “Aztecas”, nos preparábamos para una liga infantil municipal que nos organizaba el Profr. Antonio Ramírez Alarcón y Guadalupe Rico de Ramírez al frente de la organización del deporte en el municipio. La gran mayoría de los integrantes de “Los Aztecas”, pertenecíamos al barrio y a sus alrededores: El Ratón Quintero, Mario Petterson, El Chicho Velazco, Memo Moreno, Juanito Vejar, Manuel Tarazón, Fernando Andrade, “El Tabaco”, “El Poli”, “el Gueri Teón”, Miguel León, y muchos más que el paso de los años se ha encargado de borrar, dejándonos solo vagos recuerdos de aquella caterva de chamacos que como parvadas de chanates, escandalosos e incansables, invadíamos todas las tardes aquella inolvidable esquina que llenaba a plenitud, el goce de la pérdida del tiempo del cual aun no recibíamos ninguna cotización del mercado , no teníamos la menor idea, de lo que el tiempo significaba. Dueños de todo el tiempo, de las calles, de los amigos, gozando plenamente nuestros juegos, sin nada ni nadie que nos perturbara y que nos hiciera pensar en la parte negativa de la vida, de la cual ni idea teníamos. Deveras que nada nos inquietaba, salvo que “no teníamos para la pelota” que entre todos comprábamos en la Casa Oloño $7.00 pesos que a “arrempujones” y lloradas conseguíamos juntar semana a semana. Así transcurrían aquellos chorreados y traviesos días, hasta que de pronto, invadió nuestros predios y cotos de caza, la aparición allá por el “Cine Arena” del “Chapo Romo” y sus promociones. Algunos se lo tomaron muy en serio y de un barrio con distinguidos peloteros, nos convertimos en un lugar en donde se edifico un santuario al box y en donde el sumo sacerdote era Don Oscar “El Chapo” Romo” y sus fieles seguidores: Los Figueroa, El Charro Lerma, Cosme Vázquez, Chucho Llanez, “El Colti” Araiza y una legión de boxeadores en plenitud y otros que ya habían visto muchas luminarias del ring en posición de descanso, de abajo hacia arriba (noqueados, pues); todos ellos formando una verdadera red, llevaban a cabo las labores de entrenadores, tomadores de tiempo, second, aguadores, sparring partner, managers, programadores, boleteros, acomodadores, personal de aseo y limpieza, etc. y que durante mucho tiempo y con la experiencia adquirida en la antigua Arena Sonora, rápidamente tomaron el control y llevaron a cabo funciones de box, todos los viernes ininterrumpidamente, salvo problemas atmosféricos. De aquellos imberbes peloteritos, algunos se convirtieron en figuras del box amateur y poco después en profesionales: Juanito Vejar, Manuel Tarazón, Gustavo Leyva, Gustavo Robles, Jesús “Abisinio” López, Octaviano “El Gringo” López, Ignacio “Nacho” López, etc., nada más por mencionar a unos cuantos que en alguna ocasión brillaron intensamente en el panorama municipal, estatal, nacional e internacional, llegando inclusive a pelear por campeonatos nacionales. Oscar “El Chapo” Romo significó un parte aguas en la historia del barrio de la Cruz Gálvez y de la 5 de Mayo, a partir de sus promociones de box y lucha en el Cine Arena, cambio totalmente la visión de la chamacada de esos rumbos que “choronamente” disfrutaron de espectáculos de mucha categoría (bueno, de tocho morocho), poniendo a nuestro alcance, el poder ver actuar a figuras mundialmente famosas. Deveras que fuimos unos afortunados porque ninguna barriada de Hermosillo, tenía a su disposición a boxeadores y luchadores de relieve con los que presumíamos de amistad, la familiaridad se hizo presente y algunos hasta de novios se pusieron como el caso de Tony López, el ídolo de los técnicos que tuvo un affaire con Isela Vega, vecina de la San Luis e Iturbide. Cargamos sus maletas deportivas, les hicimos los mandados en el sentido práctico de la palabra, les comprábamos los cigarros, refrescos y chuchulucos en las tienditas del rumbo, en fin, nos llevábamos de piquete de costillas y palmaditas en la espalda y eso nos hacía sentirnos la última coca cola del desierto. Sin duda en el desarrollo y crecimiento del barrio de la Cruz Gálvez y de la 5 de Mayo, coincidieron tres convergencias: Oscar “El Chapo” Romo, Pbro. Hermenegildo Rangel Lugo y Textiles Sonora, tres casualidades que llenas de cualidades, en todos los casos dieron un vuelco a nuestro barrio, en lo concerniente a deportes, moral y trabajo. En la parte moral la llegada de El Pbro. Hermenegildo Rangel Lugo, “El Chapo” Romo y Textiles de Sonora con su batallón de obreros de varias partes de nuestra republica, fueron detonantes simultáneos que se dispararon al mismo tiempo, impulsaron a la Cruz Gálvez y a la 5 de Mayo en todos aspectos: económico, social, deportivo, laboral y más que nada que en todos los casos se abrieron puertas que permanecían cerradas a piedra y lodo en el aspecto moral y que a los morros del rumbo nos envolvieron en la vorágine que trae el desarrollo de un polo que permanecía cubierto del ropaje tradicional de pueblo grande, despertando las ambiciones que nos dieron una visión más amplia del panorama de desarrollo propio del paso inevitable de pueblo a ciudad. La práctica de los deportes, tener un guía espiritual, así como la tranquilidad de tener una fuente de trabajo al alcance de los adultos, trajo además de ciudadanos muy útiles, confianza y tranquilidad en un sector bastante nuevo de la capital del Estado, que se debatía en franca intranquilidad social, se había resquebrajado el respeto hacia los semejantes y estábamos padeciendo desorden en varios aspectos, ya se tenía la fama bien ganada de ser uno de los lugares más conflictivos de la ciudad. El Pbro. Hermenegildo Rangel Lugo, se convirtió en el guía espiritual al que los muchachos del barrio seguían como ovejas al pastor, su ejemplar sabiduría y el enorme caudal de luz que esparcía en su espacio, alumbró en forma bienhechora a muchos de los que lo seguimos y que en la actualidad nos consideramos gente de bien y al frente de familias honestas y de provecho. Cabe mencionar que en forma sorprendente en un espacio de tres o cuatro cuadras a la redonda tuvieron sus hogares familias forjadoras de ciudadanos útiles que cubrieron estudios profesionales que culminaron en títulos que orgullosamente lucían las paredes de aquellas casas de barriada. Es muy refrescante que en tan pequeño espacio se hayan cultivado chamacos que tuvieron una niñez muy similar, que asistieron al Cine Arenas, practicaron box y lucha libre, vieron películas en el coso taurino, asistieron a misa los domingos al Templo del Sagrado Corazón con el Padre Rangel, y que se acostumbraron al ronco ronroneo del compresor de la Fábrica de Textiles Sonora, chavalos que con muchos esfuerzos alcanzaron a culminar sus estudios y convertirse en Maestros, Ingenieros, Dentistas, Químicos y Médicos, etc., sobre todo, esta especialidad que al paso del tiempo vemos con sorpresa que en un mismo pedazo y con separación de dos calles hayan culminado sus estudios de Médicos: Dra. Remedios Rodríguez, Dr. Víctor Galindo Sánchez, Dr. Luis Castillo Carrillo, Dr. Miranda Camou, Dr. Renteria, Dr. Juventino Negrete Navarro, Dr. Villa, Dr. Romero, a saber. Con todo lo anterior no deseo señalar que “El Chapo” Romo haya sido el santo que nos redimió, el hombre que nos salvo de nuestras malas costumbres, pero si quiero dejar bien asentado que fue un hombre que en pos de su modus vivendus, de sus ambiciones y de sus aficiones a la promoción del box y de la lucha libre, finco cabal y profundamente cimientos en la juventud y les abrió la visión para ver que existen otras opciones para que los jóvenes no pierdan el camino, que además de la vagancia y la buena vida, hay un terreno muy fértil en donde necesariamente se debe sembrar la semilla que tarde que temprano fructificara en cosechas útiles y necesarias para que nuestro pueblo progrese. En fin, todo empezó cuando descubrimos el box, cuando el Padre Rangel nos patrocinó con equipo de beis y cuando el enorme compresor de la Fábrica de Textiles Sonora nos espantaba el sueño con su tedioso traqueteo que no paraba ni de día ni de noche; cuando cambiamos el guante de beis por los guantes de box y algunos descubrimos que nos gustaban mas las bofetadas (sobre todo si nos pagaban) que los jonrones. Estampas típicas de mi barrio cambiaron alternando el “gato palo” de las tardes por los dos o tres rounds en que nos arropaban de cacharpas y los guantes significaban un estorbo enorme. Algunos seguimos con el Beis, no por mayor gusto sino porque nuestros padres, nos descubrían con un ojo morado o la boca partida y hasta allí llegaba el corrido. Estamos en el camino que no tiene regreso, no podemos gozar de las repeticiones ni congelar imágenes de nuestras vidas, habrá que seguir cultivando la memoria y gozar doblemente de nuestra niñez y juventud, digo doblemente porque afortunadamente la vivimos y ahora la recordamos. Salud y vida. . G r a c i a s Fronteras y 5 de febrero 139, |