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Aquellos desfiles de los '50 Hermosillo, Sonora
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| Recopilación: Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
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Los Estudiantes de Secundaria de los años cincuenta, desde un mes antes, esperábamos con ansias que se llegara el patriótico mes de Septiembre, mes en que se celebraban las fiestas patrias y por supuesto que el gran desfile Cívico y Militar, que desde años atrás, organizaba el Prof. Don Emilio Miramontes Nájera, desfiles apoteóticos y llenos de colorido como jamás se han vuelto a celebrar en nuestra ciudad. Con una dedicación especial desde muchos días antes del 15 y 16 del mes de la patria, los que pertenecíamos a las Bandas de Guerra que encabezaban los contingentes de las diferentes escuelas, (particulares y de gobierno), con mucho esmero y cuidado templábamos las Cajas (tambores), les dábamos brillo a las Cornetas y preparábamos nuestros uniformes, (muy humildes), camisa y pantalón de caqui, botas conscriptas y presurosos acudíamos al peluquero para solicitar un corte de dos rayas y clavo claro, allá por la peluquería “La amiga del Pueblo” por la Guerrero, cerca del mercado municipal, cuyo propietario, un señor originario y venido del centro de la República, por cierto de un carácter para nada amable, por $ 2.00 pesos, (era la peluquería más barata), después de hacer turno de espera por más de una hora u hora y media nos despachaba con cabeza de soldado de regimiento. Por lo general los desfiles se iniciaban frente al monumento a Jesús García Corona mero enfrente del inicio de la Calle Serdán de Oriente a Poniente, hasta el final de la misma en su entronque con la Rosales y tomando hacia el Palacio de Gobierno en donde las máximas autoridades fervorosamente saludaban a nuestra enseña patria dando por terminado el magno desfile del 16 de Septiembre. El desfile lo encabezaba la Banda de Guerra del 16º. Batallón de Infantería y su incomparable y marcial paso enmarcado por los acordes de 40 “banderos”, 20 cajas y 20 trompetas, el instructor en turno y su clarín de caballería que en este momento en que estoy pergeñando estas evocaciones, hasta se me enchina el cuero al recordar el sonido argentino de ese clarín, más agudo que el resto de los metales, cadencioso, imponente y bien tocado, lo precedían los elementos del Batallón, jeeps, caballos, armas y el uniforme verde olivo. Enseguida, el contingente enorme de la Universidad de Sonora y siempre encabezada por la Banda de Guerra y al frente de esta, el insigne maestro el Mayor Isauro Sánchez Pérez, el jamás olvidado Maestro, forjador de tantos y tantos jóvenes que afortunadamente supieron emular la enorme disciplina y veneración que este santo varón, siempre mostro por nuestros símbolos patrios, al frente de la Banda de Guerra o al frente de la Banda de Música que rindió frutos que todavía podemos disfrutar, amigos que forman parte de nuestro entorno y que decididamente pertenecen a la historia de nuestra Magna casa de estudios. René Liera, Gaspar Lizarazu, Pepe Salido, Fortino León Almada, Oscar Romo y muchos más formaron parte activa de la todavía bien recordada Banda de Guerra de la Uni, amén de grandes músicos que por allí andan todavía derramando amistad y ejemplar actitud ciudadana: Lic. Héctor Rodríguez Espinoza, Rodolfo Medina, nomas para mencionar dos de aquellos muchachos que bajo la batuta del Mayor iniciaron sus pasos como magníficos intérpretes de música en varios géneros. Aquel muy humilde pantalón azul que adquiría muy diferentes tonalidades de acuerdo con la calidad de la tela, la camisa color blanco, cuartelera azul y “golpes” rojos constituían el uniforme que portaban gallardos y orgullosos aquellos chabalos que se creían el ultimo cigarro de la cajetilla. Jóvenes que aprendieron a forjar una caja (tambor) desde el corte del cuero, restiramiento, brillo al cilindro metálico y el apretar las cuerdas sobre los aros, pacientemente pulir y sacar brillo a las cornetas y su vestimenta, así forjaban sin sentir, más que nada su carácter y decidida posición ante la vida. Continuaban aquellos brillantes desfiles patrios con los alumnos de la Escuela Enseñanzas Especiales # 26, presidida por su enorme Banda de Guerra con más de 50 banderos, la más grande del Estado: 25 cajas y 27 cornetas más la del Cabo Alfonso Laus Zazueta que con el tiempo llegó a ganar un primer lugar en un concurso de Bandas de Guerra celebrado en Mazatlán, Sin., entre escuelas de Gobierno de todo el país. Al frente del contingente general el Sr. Director Profr. Alfredo Eguiarte Flores y por supuesto que el contingente femenino presidido por el bello y majestuoso porte de la Profa. Migdelina Gil Samaniego. Una numerosa población de alumnos que formaban parte de la popular PREVO, que se puede decir, era la escuela que albergaba a la mayor parte de la clase social más desprotegida y con mayor urgencia de preparar gente lista para ayudar al gasto familiar, generando ingresos. Al frente del contingente civil, en brioso corcel, gallardo y viril el Prof. Antonio Gámez, hacia caracolear a la noble bestia que al menor movimiento de sus manos obedecía la rienda que la maestría de su entrenador le había enseñado. Atrás marchaba la Banda del Colegio Central de Comercio, y al frente su instructor Mike, como le llamaban cariñosamente sus alumnos. Esta escuela de carácter militarizado, fue mejor conocida por la raza como los “Hielos”, mote ganado probablemente por el uniforme de paño azul con vivos amarillos, que lucían sus alumnos en tiempo de frio o de calor, y más que nada, debido a las altas temperaturas que durante casi todo el ciclo escolar se dejaban sentir, estos parecían que se estaban derritiendo del sudor copioso que los cubría. Las escuelas primarias tomaban su lugar, en esos tiempos no eran muchas: Escuela H. Aja, Ángel Arriola, San Benito, Ramírez, Ranchito, Colegio de las Madres, (LUX), Regis, García Sánchez, Amante, Lujan de Villa de Seris y párenle de contar, y claro que alguna se me debe haber pasado. Esos desfiles contaban con una gran organización que el Profesor Miramontes, sabía imprimir, con un sello indeleble y mano muy férrea, aderezado con música mexicana en algunos casos pero jamás música extranjera o modernismos propios de otros lugares, a saber jamás se utilizaron equipos de sonido, solo las Bandas de Guerra y aun cuando algunas veces participaban Clubes de Servicio, Cruz Roja, Bomberos, Policía o agrupaciones de ayuda, Asociaciones de Charros etc., jamás se utilizaron reproductores de música ajena a la nuestra. Ojala que en futuro se volviera a la modalidad de imprimir a los Desfiles Cívicos y Miliares, un sello que nos identifique más profundamente con la juventud que tarde que temprano, estarán como ahora lo hacemos nosotros, los que ya peinamos canas o no peinamos nada, rememorando tiempos pasados y evocando costumbre, lugares y hechos que nos hacen volver a vivir. Luego les platico los post desfiles en la Ideal, en el Pradas o en el Nogales Café. Vale Gracias
Fronteras y 5 de febrero 139, |