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Anécdotas de Fernando Andrade |
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| Fernando Andrade Domínguez | El Pitic |
En el equipo de béisbol en que jugaba en mis años juveniles, también participaba un joven con grandes aptitudes para el deporte rey, Luis, únicamente que su condición para jugar con nosotros establecía que también tendríamos que tener dentro del equipo a su hermano Pedro. Desgraciadamente, éste no tenía la mínima habilidad para el juego y lógicamente casi nunca participaba. En un partido que se había prolongado a extra innings ya no teníamos de quién echar mano como emergente y el equipo contrario tenía a su mejor pitcher zurdo, un velocista extraordinario, teníamos la caja llena y nuestro manager tuvo que mandar a batear a Pedro, recomendándole: fíjate muy bien en sus movimientos, en cuanto veas que va a lanzar, hazle el swing gordo, necesitamos una carrera a como dé lugar. Dicho y hecho, en cuanto el pitcher hizo sus movimientos del primer lanzamiento, Pedro abanicó con toda su fuerza; igualmente con el segundo; para el siguiente tomó un poco de tiempo, se salió de la caja de bateo y tomando aire se dispuso a batear; el pitcher presentó su pelota, Pedro le tiró con todas sus fuerzas y mostrando su disgusto azotó el bat contra el suelo, se disculpó diciendo: hice todo lo que pude, ni modo, tira muy duro... ¡Espera, espera! le dijo nuestro manager, lo que pasa es que el pitcher ¡reviró a primera base...! Este mismo personaje, Pedro, en uno de los escasos juegos en que participó, estaba cometiendo errores a dos manos, el manager muy molesto solicitó tiempo y entró al campo. Pedro, muy compungido, le solicitó una oportunidad más y que no lo retirara del campo. Pero aquel le dijo muy sentencioso: ¡No, no, nooo, porque tus errores me tienen cansaadooo...! En un partido en que Pedro tuvo que jugar en el outfielder, salió disparado a fildear un alto elevado, la localizó y dando grandes gritos: ¡mía, mía, mía! se colocó debajo de la pelota y ésta casi le cae en la cabeza. Muy triste llego al dogout, disculpándose… “Me botó muy mal...” Yo soy testigo, a mí me pasó. Tengo un vecino que se dedica a la entrega del periódico local así como a las cobranzas a borde de una vieja moto que por sus ruidos despierta la furia de los perros del lugar. Una mañana al salir de mi casa en mi viejo forito, vi que el vecino pasaba a pie con sus periódicos bajo el brazo, a media cuadra le di alcance y bajando el vidrio de la puerta lo invite a subir y muy serio me respondió: ¡No, gracias, pero es que voy muy apurado, ¡ya se me hizo tarde…! Mi madre perdió el sentido del oído desde muy joven y todos sus hijos nos impusimos a su problema, así como también los nietos nacieron y crecieron sintiendo muy natural la situación. En una ocasión mi esposa molesta porque el pequeño Luis no le atendía, le dio de gritos y éste muy molesto también le gritó: ¡No me grites, que no estoy ciego como mi abuela! Mi abuela jamás aceptaba algún error de su parte, siempre tenía una disculpa a propósito, teníamos ganas de que se le marcara un error y lo aceptara. En una ocasión se quedó vigilando que un gato no le cazara a sus recién adquiridos pajaritas del amor, pero el gato se dio maña y tiró la jaula y no se comió a los pajaritos porque éstas al caer la jaula se abrió y volaron a salvo. Cuando le señalamos a la abuela que se había quedado dormida, no aceptó y replicando dijo: ¡Lo que pasa es que me estaba mirando por dentro en ese momento! El jefe del Departamento en que laboro, en una mañana muy ajetreada estaba hablando por teléfono y nos hacía señas y señas sin que pudiésemos adivinar qué es lo que solicitaba. Al terminar de hablar, muy molesto nos dijo: Mi celular, por favor, ¿dónde lo dejé? Todos soltamos la carcajada, porque casualmente ¡estaba hablando por su celular...! El licenciado del Departamento jurídico de la Empresa en donde trabajo llegó de prisa y solicitó le informaran al jefe de cobranzas que lo esperaba en la oficina. La secretaria acudió a cobranzas diciéndole al responsable: Roberto, en su oficina te está esperando el Lic. Tirado (su apellido). Éste, sin levantar la vista de lo que leía, le preguntó: ¿boca arriba o boca abajo…? G r a c i a s
Fernando Andrade Domínguez |