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Al golpe del remo se agita mi alma
GUAYMAS, MAR, ROCAS, PIEDRAS, VOLCÁN |
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| Fernando Andrade Domínguez | Septiembre de 2007 |
No se presentó la oportunidad y jamás tuve el gusto de conocer personalmente al Dr. Gregorio Sánchez Márquez, fragmentos de su enorme trabajo de investigaciones sobre la historia de su querido Guaymas, los he conocido a través de su hermano el Sr. Alejandro Sánchez Márquez, que orgulloso de su fraterno, sin condiciones, comparte con quien se lo solicite: fotos, narrativas, investigaciones y datos acerca de un renglón que ocupó, casi al parejo de su amor por la ciencia médica, la mayor parte de su existencia, la huella y origen de su pueblo. Cuando escuchaba hablar del origen de las rocas que sirvieron para la construcción del Palacio Municipal, allá por el mes de Junio de 1899, durante el período como Presidente Municipal del Sr. Fernando Montijo y bajo la dirección del constructor Ing. Arturo Wrotnowski y Z. O. Stoker, su infantil cabeza todavía no se interesaba sobre la versión muy generalizada de que esas piedras no eran de Guaymas, ni de Sonora, ni de México, ni de América, habían llegado a bordo de las barcas alemanas de cuatro mástiles, que procedentes de Europa, a manera de lastre las traían desde las Canteras de Hamburgo. Posteriormente ya con un criterio formado, El Dr. Sánchez, comenzó a analizar más detenidamente las rocas que sirvieron no solamente para construir el Palacio Municipal sobre las Casas Consistoriales y la Cárcel del antiguo Guaymas, también sirvieron para la construcción del edificio de Correos y Telégrafos, demolido para construir ahí en el crucero de la calle 18 y Serdán la Mueblería Zaragoza, donde se encuentra la Copa de Leche y la Plaza Centenario. Existió también, construido por este material, un amplio almacén conocido como “El Cobertizo” y aun existe como parte de los Astilleros Monarca, lo que diseñado y construido estuvo operando por muchos años como el Rastro Municipal, los Almacenes del Ferrocarril, el de la “Explotadora”. Con mucha lógica, algunos ingenieros y arquitectos con los que intercambió opiniones, le hicieron notar que el mejor lugar, por razones obvias, para hacerse del material de construcción idóneo y más fácil de transportar por su cercanía, ahí frente a la antigua “manzana”, se encontraba una prominencia rocosa en el centro de lo que ahora es la Plaza de los Tres Presidentes, conocida desde mediados del siglo como el “Cerrito del Fortín”, terrenos que le han sido ganados al mar, cerrito que en algunas ocasiones tuvo de escalar. También en los alrededores, en las cercanías más próximas al palacio, existe un sitio donde sin lugar a dudas se pueden apreciar las huellas evidentes de que fue utilizado para extraer una considerable cantidad de material rocoso, localizado al sur suroeste del cerro conocido como el “Cerro Cabezón” en el espacio comprendido al norte de la prolongación de la Ave. XVI hoy: Adolfo de la Huerta, al oriente por la Calle 29, al poniente por la Calle 28 y al sur por la Ave. XV hoy: Alfonso Iberri, donde por aquellos tiempos no había nada solo los acantilados, huella inequívoca de la extracción de material de que fue objeto. Este lugar significaba la preocupación de nuestros padres nos platica Alejandro, la peligrosidad de los acantilados tenían siempre en constante desasosiego a los mayores y de verdad que el corte, para nosotros los chavalos tenía un atractivo especial, en la actualidad todo este lugar esta parejo se han ido construyendo casas y la verdad casi no quedan huellas de los acantilados, uno al oriente a lo largo de la calle 29 que asciende ese cerro y otro al norte que hace lo mismo a lo largo de la prolongación de la Ave. XVI hoy Adolfo de la Huerta “como el corte de un pastel”. En alguna ocasión una madre desesperada acudió al consultorio del Dr. Sánchez para que le autorizara un viaje en avión a su hijo ya que padecía de “Coqueluche” o Tosferina a lo que este, más que nada debido a compromisos contraídos delegó la comisión a un Doctor pasante originario del sur de nuestra república que de inmediato le aceptó. Al regreso del vuelo alrededor de la Bahía el Doctor le preguntó ¿Quiubo como te fue?... muy bien el niño se mejoró bastante y yo disfruté mucho de un hermoso paisaje mirando los volcanes en el mar, efectivamente este pasante que hacia su primer vuelo y que jamás había escuchado hablar de que la región de Guaymas está enclavada sobre una zona volcánica y si no que lo digan sus enormes cerros que son producto en su mayoría de material volcánico, lava y material ígneo que ha formado caprichosas formas en sus cerros. Hasta aquí llegamos con este relato que comprueba fehacientemente que las rocas labradas con que se hizo el Palacio Municipal son de origen Guaymense, no se requirieron materiales extranjeros, teoría perfectamente respaldada por el Dr. Sánchez que no contento con sus suposiciones y valiéndose de la amistad y parentesco político recurrió a un experto en la materia, al Ing. Renán Pérez Priego, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, Geólogo, Ingeniero Químico y de Minas que tiene en su curriculum la participación activa en la investigación para esclarecer la autenticidad de la placa metálica conmemorativa del entierro de Cuauhtémoc en Ixcateopan. En su primera visita a Guaymas acompañándolo con pica y lupa visitaron el Palacio Municipal y el Cerro Cabezón de donde obtuvieron muestras que se mandaron analizar comprobándose plenamente que ambas provenían del mismo lugar obteniéndose los certificados de los análisis e informes petrográfico, piroclástico, porfirítica del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Esto, es parte de la rica historia que atesora el H. Puerto de Guaymas, Sonora, México.
Gracias. Fernando Andrade Domínguez
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